El penúltimo raulista vivo

Similitudes entre Juan Mendoza y un jarrón chino de la dinastía Ming

Juan Mendoza pasó anoche por El Tirachinas para tratar de explicarnos por qué se marchó "a la francesa" de la junta directiva presidida por su buen amigo Ramón Calderón. ¿Mi resumen? Sólo puedo decirles que si Eugène Ionesco, creador del teatro del absurdo, hubiera oído ayer nuestro programa, éste se habría lanzado raudo hacia la máquina de escribir. Mendoza, que no deberíamos olvidar que era el vicepresidente primero del club, sabía aproximadamente lo mismo acerca de lo que estaba pasando en el Real Madrid de lo que podía conocer, por poner un caso, un jarrón chino de la dinastía Ming.

Mendoza no ha visto el famoso memorándum que el presidente ha firmado con la NBA. Tampoco el aval que asegura los pagos de Mediapro. No ha tenido nada que ver con las denuncias que fueron presentadas en los juzgados número 25 y 47 de Madrid, sólo acompañó a la hija de Calderón. No sabe cuántos socios denunciaron el voto por correo, todo lo descubrió escuchando El Tirachinas. Desconoce por qué Calderón ha pedido amparo a la Comunidad de Madrid con objeto de desautorizar la candidatura de Fernando Fernández Tapias, y tampoco sabe por qué el presidente –"tendrá sus asesores"– no ha querido visitar los estudios Antonio Herrero de la Cadena Cope para responder a todas y cada una de las acusaciones de José Antonio Abellán. Lo dicho, un jarrón de la dinastía Ming sabría tanto como Juan Mendoza de lo que ha pasado ahí dentro. Y tengo la convicción personal de que si el señor Calderón tuviera un animal de compañía, pongamos por caso un bonito lorito, el pájaro en cuestión estaría más y mejor informado de lo que lo estaba el vicepresidente primero, o sea el número dos del club.

Y si Mendoza no sabía nada, ¡imagínense Juan Carlos Sánchez que sólo era vocal! El Mundo ha logrado cazar a lazo al ex responsable de la sección de baloncesto, y el titular es ciertamente dramático: "Prefiero no saber qué persigue Calderón". Uno, Mendoza junior, no sabía nada; el otro, Sánchez, prefiere no saberlo. El resto, desde Francisco Moreno hasta Pedro Trapote, simplemente no saben o no contestan. Y eso es así porque los jarrones, que uno sepa, todavía no han adquirido la facultad de hablar. Ni siquiera los de la dinastía Ming.
A continuación