El penúltimo raulista vivo

Simeone, Tomás Cuesta y unas cuantas cometas inflables

Como jugador, Diego Pablo Simeone era mucho de pegar e irse; pegaba y se iba, volvía a pegar y volvía a irse. Ojo, no lo digo despectivamente: aunque con bastante más clase que él, Fernando Redondo también era de la misma escuela argentina: pegaba y se iba. Es más, durante bastante tiempo se especuló con la posibilidad de que el Real Madrid juntase en su centro del campo a Redondo y a Simeone, lo que habría sido la bomba. Antes de fichar por el Atleti, siendo jugador del Sevilla, el Cholo afirmó que sólo se iría de allí para fichar por el Real Madrid. Es curioso que, tantísimos años después, Simeone se haya convertido por derecho propio en uno de los emblemas del equipo rojiblanco, pero sus declaraciones siguen ahí. Tampoco me cebaré con la hemeroteca, que nos mata un poco a todos.

Como entrenador de fútbol, Simeone sigue exactamente la misma pauta que le dio tanto éxito como jugador: pega y se va. Ha perfeccionado tanto su arte el Cholo, lo hace con tal disimulo, que hay quien, en plena refriega, tiende a olvidarse de que el origen de todo estuvo en él. Como, además, Simeone cuenta con el beneplácito de la inmensa mayoría de los medios de comunicación, las hazañas del entrenador rojiblanco suelen caducar al minuto siguiente de haberse producido. Una víctima del arte de Simeone ha sido, sin lugar a dudas, mi amigo Tomás Cuesta, autor del blog Atlética Legión, de obligada y diaria lectura. El primer párrafo del artículo de ayer de mi amigo Tomás es la prueba palpable de esto que estoy diciendo: "Mientras el Madrid y el Barça dan hilo a la cometa de una tediosa teoría de la conspiración para proporcionar carnaza a los perros de prensa, el Atleti prefiere ir a lo suyo sin entrar en polémicas, aspavientos o enhebres".

A la cometa, querido Tomás, le dio hilo Simeone cuando, allá por el mes de junio, dijo en el diario As, sin aportar por supuesto ninguna prueba que acreditara tan temeraria afirmación, que la Liga estaba "peligrosamente preparada" para el Real Madrid. De aquel carrete, por cierto, se negó a tirar el Real Madrid, que tiene una teoría, a mi modo de ver un poco desfasada por excesivamente romántica, de lo que debe ser el fair play en el deporte. Fue precisamente Simeone, propietario de la mayor cadena multinacional de cometas inflables del mundo, algo así como el Amancio Ortega de las cometas, el que provocó esa "tediosa teoría de la conspiración" a la que aludes y a la que, por cierto, se ha sumado de nuevo con ánimo redoblado el Barcelona mientras que el Real Madrid, que vuelve a ser el objeto de las insidias, permanece, una vez más, hierático, marcial y absolutamente al margen. Como cuando era jugador, el entrenador Simeone pega y se va, pega y se va, pega y se va. Y ante tanta permisividad y tanta ceguera a este humilde perro de la prensa sólo le cabe exclamar eso tan universal de "¡Guau!", que traducido al idioma humano quiere decir "¡Manda huevos!"...

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