El penúltimo raulista vivo

Sí, Petrovic, Drazen Petrovic

Pues sí, tal y como nos recuerda Iago, Drazen Petrovic habría cumplido hoy 46 años. Con el fichaje de Petrovic me pasó como con el de Sabonis, que no terminaba de creerme que pudieran venir al Real Madrid. Petrovic era la bestia negra madridista, y en especial de mi tocayo López Iturriaga a quien volvía literalmente loco sobre la pista, y recuerdo que su contratación me pilló viendo la segunda edición del Telediario: "Petrovic acaba de llegar a un acuerdo con el Real Madrid. Si no puedes con tu enemigo, alíate con él"... o algo similar. Pegué un bote en el sofá: "¡Petrovic!"... Sí, Petrovic, Drazen Petrovic, el genio de Sibenik, un auténtico diablo sobre la pista. Ramón Mendoza, que no había podido con él, decidió agenciárselo y, de paso, garantizarle una prejubilación un poquito más tranquila a Iturriaga.

En realidad, el sueño de Mendoza fue siempre juntar en el mismo equipo a Petrovic y Sabonis. El de Mendoza o el de Mariano Jaquotot, que era uno de sus vicepresidentes y probablemente el único directivo al que interesaba realmente el baloncesto. Jaquotot, que desgraciadamente murió muy joven, estaba llamado, según lo veo yo, a suceder a Mendoza en la presidencia del club. Pero aquel sueño fantástico de reunir a los dos mejores jugadores de baloncesto europeos de la década de los 90 fue imposible: Petrovic llegó en 1988 y en 1990 se fue a la NBA mientras que Sabonis lo hizo en 1992 y tres años más tarde emprendió también camino hacia el basket estadounidense; curiosamente los dos recalaron en Portland Trail Blazers, aunque tampoco allí llegaron a coincidir sobre el parquet.

Hace una semana me puse a ver en youtube el resúmen de la final de la Recopa del 89 contra el Snaidero de Caserta. En aquel equipo italiano jugaba un alero brasileño, Oscar Schmidt Becerra, que era una auténtica máquina de enchufarla desde cualquier posición; de Oscar, por cierto, también se dijo durante cuatro o cinco veranos que acabaría vistiendo la camiseta del Madrid, pero al final no pudo ser. En aquella final, que ganó el Real, Petrovic anotó 62 puntos y Schmidt 44. Fantástico e inenarrable partido. Hoy sería imposible para el Real Madrid hacerse con los servicios de Petrovic. De la Cibona habría pasado directamente a la NBA, y allí le habrían musculado como a Toni Kukoc hasta convertirle en otro Popeye el marino. Cuando Drazen llegó al baloncesto americano aún se miraba a los europeos por encima del hombro, de ahí que no acabara de triunfar. Hoy sería un número uno también allí.

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