El penúltimo raulista vivo

¿Seré del Cenizo Fútbol Club?

Todos queremos recuperar cuanto antes la normalidad, todos. No la nueva normalidad, que es un término muy orweliano, no. Sólo Dios sabe a qué se refiere exactamente Grande Marlaska con lo de la nueva normalidad, da escalofríos de pensarlo. Lo que queremos es recuperar la normalidad de nuestras vidas, así, a secas; lo que queremos es poder entrar, salir, subir, bajar, abrazar y besar cuánto, cuándo, cómo y dónde decidamos nosotros sin tener que dar explicaciones a papá Estado de nuestros movimientos. Y esa normalidad que absolutamente todos queremos recuperar incluye, por supuesto, el fútbol... a aquellos a quienes nos gusta el fútbol. Así que no hay debate ni sobre una cosa ni sobre la otra: "¿Quieren ustedes recuperar la normalidad?" Por supuesto que queremos. "¿Y quieren además que vuelva el fútbol?" Naturalmente. No hay debate, todos estamos de acuerdo. Lo que, ante un regreso precipitado de nuestra Liga, advertimos aquellos a quienes Felipe del Campo define tan brillantemente como el Cenizos Fútbol Club, es que llama la atención que hoy, después de aprobarlos para luego anularlos, el Gobierno de Pedro Sánchez haya dado el banderazo de salida para los test de los futbolistas y haya aprobado también el calendario de reincorporación gradual a los entrenamientos mientras que Francia u Holanda, por ejemplo, ya han decidido suspender el campeonato e Italia y Reino Unido se lo piensan.

Ya sé, ya sé... el fútbol es muy importante para la economía del país, cuyo producto interior bruto se ha desplomado hoy por cierto y amenaza con seguir haciéndolo en días venideros. Pero yo no hablo de economía, yo hablo de salud. Sin salud la Liga podrá volver para tener que suspenderse otra vez, y ese rebrote sanitario es el que estamos tratando de esquivar a toda costa porque llevaría acarreado un empeoramiento de la crisis económica. Las declaraciones de los futbolistas están muy bien, está muy bien lo que diga Rakitic, lo que opine Maroto y lo que piense el que va en la moto, todo eso está perfecto, pero la asociación de jugadores quería el visto bueno definitivo del Gobierno y ése ha llegado hoy a través del documento consensuado entre el Consejo Superior de Deportes, la Liga de Fútbol Profesional y la propia AFE. Es Irene Lozano la que firma el documento, o sea el ministerio de Sanidad, o sea el Gobierno.

Lo que yo tengo que decir a propósito de esto es que deseo, por supuesto, toda la suerte del mundo a la señora Lozano porque su suerte será la nuestra y, sobre todo, porque los españoles estamos deseando experimentar en carne propia un acierto, sólo uno, del Gobierno cuyo máximo experto en emergencias sanitarias, Simón de nuestras entretelas, auguró que en España no habría casos de Covid-19 cuando ya rozamos la trágica cifra de veinticinco mil fallecidos oficiales. Ojalá que acierte el Gobierno que compró las falsas mascarillas, ojalá que acierte el Gobierno que pretendía que los niños acompañaran a sus padres al supermercado, ojalá acierte el Gobierno cuyo ministro de Consumo percibió una disminución del volúmen de las apuestas deportivas en plena pandemia, ojalá acierte el Gobierno al que se le escapó que iba a perseguir las opiniones críticas, ojalá acierte el Gobierno que cobra a los autónomos pero no los deja trabajar, ojalá acierte el Gobierno que ha mandado sin protección a la guerra a médicos y enfermeros... Ojalá acierte ese Gobierno aunque, para nuestra desgracia, el regreso exitoso del fútbol sería el primer y único acierto de un Gobierno que se está luciendo... pero al revés.

Salvador Illa y su equipo han validado la práctica totalidad del protocolo sanitario y, en líneas generales, eso quiere decir que los clubes podrán efectuar los test, pero no de forma masiva sino a aquellos deportistas que presenten síntomas o hayan convivido con algún afectado, o sea que los entrenamientos individuales regresarán el próximo lunes 4 de mayo. De todo esto, repito, lo que me da auténtico pavor es el nombre del ministro, Salvador, y su apellido, Illa. Habría ayudado mucho a un pesimista congénito como yo si, en lugar del nombre de Salvador y el apellido Illa, en la frase hubiera aparecido otro nombre, el de Marta, y otro apellido, Temido, por ejemplo, la ministra de Sanidad de Portugal, más que nada porque la señora Temido fue subdirectora del Instituto de Higiene y Medicina Tropical, presidenta no ejecutiva de la junta del Hospital de la Cruz Roja o presidenta de la mesa de directores de Sistema Central de Administraciones Sanitarias, es graduada en Derecho y tiene un máster en economía sanitaria y gestión por la Universidad de Coimbra. Si la señora Temido hubiera validado el protocolo sanitario aprobado hoy éste humilde pesimista estaría más tranquilo y más optimista que habiéndolo hecho un filósofo que llevaba en el Ayuntamiento de La Roca del Vallés desde 1987, más de treinta años ha...

Dicen que un pesimista es un optimista informado, no lo sé. Es cierto que yo tiendo a ser receloso, precavido, demasiado quizás, le doy muchas vueltas a todo. Pero Simón dijo lo que dijo, Sánchez auguró lo que auguró, Illa más de lo mismo, Garzón otro tanto y así hasta el astronauta, que ni siquiera sabía ponerse correctamente la mascarilla y cuyo consejo más útil ha sido el de decirnos a todos que si nos pican los ojos nos aguantemos. Aguantaremos, claro, porque no nos queda otra. Y esperaremos. Esperaremos a que todo salga bien en un país en el que, salvo la iniciativa individual de nuestros sanitarios, policía, ejército, guardia civil, farmacéuticos, ganaderos o pescadores, todo está saliendo rematadamente mal desde que estalló la crisis. ¿Soy del Cenizo Fútbol Club?... Seré. Y, como cantaba Jeanette, iba a añadir que soy cenizo porque el mundo me ha hecho así, pero no, no ha sido el mundo, ha sido el Gobierno de Pedro Sánchez Castejón y de Pablo Iglesias Turrión.

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