El penúltimo raulista vivo

Será otro Pipino quien trate de tomarle la medida a Florentino

A Pipino III de los Francos no se le apodó "el breve" porque su reinado fuera corto en el tiempo, de hecho gobernó diecisiete años, sino porque era muy bajito. Pequeñito pero matón puesto que depuso a Childerico III, combatió contra los lombardos, instauró el diezmo a favor del clero, tomó Narbona tras expulsar a los árabes, luchó contra el duque de Aquitania y, justo antes de morir, fiel a la tradición, repartió su reino entre sus dos hijos, Carlos I, el futuro Carlomagno, y Carlomán. Pipino medía poco pero desde muy temprana edad no dudó en tomarles la medida a los más altos, que es tanto como decir que tomó la medida a todo el mundo puesto que él era, como ya quedó dicho con anterioridad, de reducido tamaño físico. Cuando alguien está muy poco tiempo en algún sitio suele comparársele erróneamente con Pipino, que estuvo en el suyo un rato largo, y así ha sucedido con el frustrado candidato a la presidencia del Real Madrid Juan Onieva.

Ayer hablé un rato con Onieva, a quien conozco desde su etapa como vicepresidente del Real Madrid con Lorenzo Sanz. Le considero un hombre inteligente y capaz, muy superior a la medida de los directivos que pueblan el deporte español. De ahí que me sorprendiera tanto la grotesca intervención de un caballero que se llama Fernando Martínez Blanco, quien, por lo que se pudo ver y sobre todo oír, se sintió vicepresidente del Real Madrid durante un cuarto de hora, el cuarto de hora más surrealista de un club que, para su desgracia, ha vivido recientemente capítulos realmente kafkianos. Quiero ser exacto: no me sorprendió la exposición del señor Blanco, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, sino que alguien tan preparado como Onieva no supiera en quién estaba confiando la puesta en escena de su candidatura. El reconoce su error y asume su responsabilidad.

La mano derecha de Onieva se puso a hablar de Obama y a contar un cuento imitando la vocecita de un niño pequeñito, y la mano izquierda, que era Carlos González, dio un portazo y se puso a echarle la culpa a la prensa deportiva. También conozco un poco al señor González y he de decir que él sabe tanto de periodismo como yo de la última gama de lavadoras Whirlpool. Habitualmente los periodistas no hacemos otra cosa que contar lo que pasa y opinar sobre ello: si Onieva y González no querían hacer el ridículo tendrían que haber escondido a Blanco. Estos curiosos capítulos son los que me inclinan a pensar que el preaval que exige el Real Madrid se queda corto y debería ampliarse a 200 millones de euros. ¿Se imaginan a Fernando Martínez Blanco de vicepresidente primero del club más importante del siglo XX según la FIFA?... La candidadura de Onieva fue valiente y él ha sido coherente al retirarla veinticuatro horas después del ridículo. Su ridículo, señor González, no el nuestro. Será otro Pipino quien trate de tomarle ahora la medida a Florentino. Y si no aparece no será por mi culpa.
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