El penúltimo raulista vivo

Ser o no ser... Kaká, Cesc y Robben

Hay quien, para defender la gestión de Ramón Calderón al frente del Real Madrid, trata de echar toda la tierra que puede sobre Florentino Pérez. Y el motivo no es otro que la convicción que esas personas tienen de que, detrás de cualquiera de las críticas hacia Calderón, se encuentra la alargada sombra del ex presidente. Ahora se ha puesto de moda ir por ahí diciendo que el Madrid ha pagado más dinero del que debía por Marcelo, Gago e Higuaín. ¿En qué manual se puede consultar el precio exacto de un jugador de fútbol? Parece que Higuaín fue ofrecido a otros clubes españoles por la mitad del precio que acaba de pagar el Real, pero todos sabemos que el interés madridista dobla al instante el precio de cualquier futbolista. Es así. Calderón no ha estado especialmente hábil alardeando de haber firmado el mejor contrato televisivo de la historia del deporte mundial, pero, de no haberlo hecho, Macri habría querido sacarle igualmente los ojos; Macri siempre quiere sacarle los ojos a todo el mundo.

Anelka, por ejemplo, resultó ser un jugador extraordinariamente caro, y sin embargo Zidane, que costó más o menos el doble que su compatriota, acabó siendo rentable. ¿Y si al final resultara que Gago se convierte en un futbolista crucial en la historia de este Real Madrid de principios de siglo XXI? No creo que Emerson vaya a serlo, pero Gago... ¿por qué no? Si el Madrid pagó veinte millones de euros por él, eso es justamente lo que vale el futbolista. Mauricio Macri no es ningún tonto, eso desde luego, pero no va a dar la casualidad de que todos los listos del mundo vivan en Argentina, alguno andará suelto también por aquí. Dentro de seis años veremos si resultaron caros o baratos estos jugadores, entonces podremos hablar con propiedad.

El caso es que, como decía al principio, hay quien, para defender a Calderón, ataca a Florentino, arrojando a la cara del ex presidente el fichaje, por ejemplo, de Jonathan Woodgate. Ni siquiera hubo que esperar seis meses para saber que la contratación del defensa inglés fue, efectivamente, un auténtico desastre. Pero, aun a riesgo de parecer un poco pesado, el verdadero meollo de la cuestión no está en los fichajes de Gago, Higuaín o Marcelo, que sólo el tiempo nos podrá decir lo que darán de sí en el futuro, sino en el flagrante incumplimiento de la promesa electoral que el actual presidente hizo a sus socios, los auténticos dueños del club. Porque, a fecha de hoy, que yo sepa, Kaká, Cesc y Robben siguen sin haber fichado por el Real Madrid, y porque ninguno de los tres chavales que acaban de llegar, por muy decisivos que puedan resultar en el futuro, sustituyen a los jugadores anteriormente citados. Ese es el quid de la cuestión.

Florentino Pérez se equivocó mucho y también acertó mucho porque estuvo seis largos años presidiendo el Real Madrid. Al final se equivocó tanto que, en plena obcecación, no logró ver otra salida razonable que no fuera la de irse, y ahí volvió a equivocarse otra vez. Pero Florentino Pérez les prometió a sus socios que ficharía a Luis Figo –¡Figo, el del Barça!– y, aunque a regañadientes, Luis Figo, el del Barça, fichó por el Real Madrid. Todavía no he oído a Calderón pedirles perdón a sus socios por mentirles sobre las contrataciones de Kaká, Cesc y Robben, más bien todo lo contrario. Ojalá Gago, Higuaín y Marcelo sean los nuevos Zidane, Figo y Roberto Carlos, ojalá. Pero, como decía aquí mismo hace algún tiempo, salvo que pasen por el cirujano plástico, ninguno de ellos es Kaká. Ese, a fecha de hoy, sigue jugando en el Milan.

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