El penúltimo raulista vivo

Sólo falta Ignatius J. Reilly

No hay más que escuchar un poquito por encima a Javier Tebas, que es la Liga, para darse perfecta cuenta de que los clubes no piensan pasar por el aro del chantaje de la huelga. Lo último que ha dicho el presidente de la patronal del fútbol español sobre la rueda de prensa de Luis Rubiales, a quien acompañaban Casillas, Ramos, Xavi, Iniesta y Gabi entre otros, es que le recordaba mucho a las fotos de Bildu o Herri Batasuna. A todos nos ha pillado en fuera de juego este secuestro exprés del fútbol español porque, al menos en apariencia, el Decreto Ley sobre los derechos de televisión estaba destinado a convertirse en el nuevo maná del deporte nacional: se acortarían las distancias entre los clubes, que era una de las grandes reivindicaciones históricas, los jugadores iban a ser beneficiarios del saneamiento de sus empresas y, al ingresar más, la federación española de fútbol también iba a poder mostrarse consecuentemente más dadivosa con el fútbol amateur, que es lo que siempre exigió Villar.

Miguel Cardenal, que es un gran inútil aunque por otras cuestiones ajenas a la que nos ocupa ahora, afirma sin dudarlo que todas y cada una de las reivindicaciones que han venido haciéndole desde la federación y desde el sindicato de jugadores vienen recogidas en el Decreto que deberá ser ratificado la semana entrante en el Congreso de los Diputados. Y parece que Cardenal no miente. ¿Entonces? ¿A santo de qué viene este secuestro exprés?... ¿Qué piden Villar y Rubiales para soltar al rehén?... De Villar, como de Gurb, seguimos sin noticias, y lo que pide Rubiales son... mimitos. Sí. sí, mimitos. Rubiales, de quien me aseguran que tiene un ego aún mayor que el del propio Tebas, dice que no se le ha tenido en cuenta, que no se le ha pedido opinión, que no le han dejado aparecer en la foto. Y ya se sabe que estos, como Belén Esteban por Andreíta, matan por una foto. Rubiales quiere salir en la foto para ponerla en un marco de plata de Pedro Durán, y quiere otra cosa más: que Hacienda no moleste más a sus chicos por el asunto de los derechos de imagen. Lo demás es chui chui.

Villar, que odia profundamente a Tebas, ha oído desde lejos las palmas de Rubiales y, como se apunta a un bombardeo cuando de incordiar a la Liga se trata, se ha puesto a bailar una ezpatadantza. Tebas, que no soporta a Villar poque le va llamando gilipollas por ahí, ha visto el cielo abierto con esta suspensión de la Liga porque así puede acordonar más aún a un presidente absolutamente aislado. Rubiales, cuyo sueño húmedo sigue siendo el de convertirse en el nuevo Gerardo Movilla, quiere cuantas más fotos mejor. Los jugadores que acompañaban a Rubiales, todos ellos millonarios, no saben ni lo que pretende Rubiales, ni lo que quieren ellos mismos ni mucho menos por qué les hicieron volar ayer hasta Madrid. Y a Cardenal, que esta vez se ha limitado a ser escribano de las exigencias de unos y de otros, le ha estallado esta inesperada bomba en la cara. Y en esta bochornosa hoguera de las vanidades, en esta guerra de guerrillas de egos inflamados, en esta cena de los idiotas que acabará en nada, en esta conjura de necios absolutos yo sigo echando de menos a Ignatius J. Reilly, un gran hombre si lo comparamos con esta caterva de chiquillos malcriados.

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