El penúltimo raulista vivo

Se llama Neymar y no se vende por dinero

La verdad es que las últimas intervenciones de Gerardo Martino le alejan del Tata para acercarle a la tata. El entrenador del Barça, que aún no ha sacado la pata del sitio donde la metió criticando el fichaje de Bale por el Madrid, dijo ayer que "lo de Neymar no es normal". Así, con tan pocas pistas, tampoco me atrevo a criticarle demasiado porque uno no sabe si lo que está queriendo decir en realidad es que no le parece normal que Rosell y Bartomeu insistieran machaconamente en que el jugador había costado 57,1 millones de euros "y punto" para luego, una vez dimitido el primero, elevar esa cifra en otros 30 millones, o que no le parece normal que un juez de la Audiencia Nacional persiga un presunto fraude fiscal a la Hacienda pública española estimado en algo más de 9 millones de euros. Difuso, muy difuso. Poco claro. Casi tan difuso y tan poco claro como cuando Francesc Perearnau nos habló el jueves en Tiki Taka de "puertas que se abren": ¿Qué puertas? ¿Dónde están esas puertas? ¿Quién o quienes empujan estas misteriosas puertas? ¿Y con qué objetivo quieren abrirlas? ¿Y quién está al otro lado de la puerta?... ¡Qué miedo!

Si a lo que se refiere Martino es a que no le parece normal que Rosell y Bartomeu mintieran acerca del coste real del fichaje de Neymar, en Tata se queda. Pero si su teoría es la de las misteriosas puertas giratorias, en tata se convierte. No sé cómo funcionarán en Argentina estas cosas pero aquí, en España, si un juez tiene la sospecha fundada de que puede haberse cometido un delito... va y lo persigue. La anormalidad no consiste en la dimisión de un presidente que lo hizo mal, eso debería ser lo normal; la anormalidad consiste en haber troceado presuntamente un contrato para evadir al fisco. De todos es sabido que al Real Madrid le habría gustado tener a Neymar, que es un fantástico jugador, en sus filas; por otro lado uno no ha de ser Philip Marlowe para deducir que algo no encajaba en esta historia cuando Florentino Pérez, que ha sido capaz de acometer con éxito operaciones mil veces más complejas que la de Neymar, habló en su día de 150 millones de euros mientras que Rosell insistía una y otra vez en los 57,1 "y punto". Un punto muy caro.

Cada cual se defiende como quiere, ahí está sin ir más lejos el caso de la infanta Cristina. Es comprensible el catenaccio del Barça en este asunto, yo lo haría igual. Lo que no tiene parangón en la historia del periodismo de ficción, y eso que en España contamos con algunos de los líderes mundiales de esta facción parida en su día a base de bellísimos embustes por Stephen Glass, es mezclar en los problemas del Barcelona al Real Madrid, que paga religiosamente sus impuestos. Por ejemplo: Neymar comenta según parece en su libro de originalísimo título "Me llamo Neymar" que él no se vende por dinero, en clara referencia a la posibilidad que hubo en su día de que fichara por el club madrileño. Y digo que mezclar al Madrid en esto no tiene parangón porque, y a las pruebas que están saliendo a la superficie me remito, lo que puede afirmarse es justamente todo lo contrario de lo que dice Neymar, o sea que si por algo se "vende" él es justamente por dinero, cuanto más dinero mucho mejor, millones y más millones de euros. Cuenta Luca Caioli que Neymar estuvo en 2006 probando con el Madrid, que el papá pidió 60.000 euros y que un directivo dijo "no". Todo indica que donde aquel anónimo directivo dijo entonces que "no", otros directivos más reconocibles podrían haber dicho ahora que "sí". Tomaduras de pelo, las justas. Biográficas tampoco.

A continuación