El penúltimo raulista vivo

A Del Bosque se le pasó el arroz

Del Bosque afirmó ayer que él solía pisar el freno de las alabanzas cuando se ponía "el acento" en lo bien que jugaba la selección... pero yo no lo recuerdo. No recuerdo que Vicente dijera que el elogio era excesivo ni recuerdo tampoco que echara un rapapolvo a tal o cual periodista por decir que España jugaba al fútbol de maravilla. Puede que lo hiciera, no lo niego, pero yo sinceramente ahora mismo no lo recuerdo. Sin embargo sí recuerdo los justos homenajes, los merecidos fastos, los nombramientos reales, los premios y las calles y los pabellones rebautizados con los nombres de los jugadores y del entrenador. Nadie dijo "no, no, por favor, yo no lo merezco", nadie dijo "apartad de mí este amargo cáliz", nadie dijo "me he limitado a cumplir con mi obligación", y si nadie lo dijo fue seguramente porque sí lo merecieran: entre 2008 y 2012 estos deportistas pasearon por todo el mundo el nombre de España y eso no tiene precio.

El deporte es un fantástico canalizador de ilusiones y, ya metidos en una harina más material, también supone un estupendo generador de recursos económicos. De ambas, de la ilusión y de la economía, nos beneficiamos, y además en un momento muy complicado, los españoles, de ahí los homenajes, fastos, nombramientos y alabanzas con los que agasajamos a los héroes cuando regresaron a casa. Estoy convencido de que, de no haber estado demodé, a alguien se le habría ocurrido colocarle a Vicente del Bosque una corona de laurel. Todo nos sabía a poco cuando de los campeones mundiales se trataba. Pero aquello pasó y la selección campeona de Sudáfrica se estrelló directamente contra los riscos del Mundial de Brasil. Hubo quien, como fue mi caso, advirtió a Del Bosque de las consecuencias que podría acarrear su nefasta gestión de un pasado ciertamente triunfal, pero Vicente hizo oídos sordos.

Existe un número cada vez más creciente de aficionados y de periodistas que creemos que a Del Bosque se le pasó el arroz en Brasil y que su empeño por liderar la renovación de la selección es vano puesto que el cambio tendría que haber empezado por él mismo. Si el acento se pone hoy en "lo negativo" es simple y llanamente porque España ni juega ni gana como antaño, viene de despeñarse en un Mundial y de hacer el ridículo más espantoso ante Holanda y Chile y está sufriendo lo indecible en su grupo de clasificación para la Eurocopa del próximo año. Del Bosque se acostumbró a los días de vino y rosas y sucede que el vino se agrió y las rosas acabaron marchitándose. Vicente podría haberse marchado por la puerta grande, en loor de multitudes, campeón de Europa y del Mundial y marqués por la gracia real... pero lo hará por la puerta de atrás. Careció de visión, no tuvo perspectiva histórica, le faltó un buen consejo y se pasó con "el acento". Ya es tarde, claro. Una pena.

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