El penúltimo raulista vivo

Santiago Bernabéu, el presidente que nunca paró de trabajar

Supongo que el 2 de junio de 1978, el día que murió don Santiago Bernabéu de Yeste, muchos madridistas se levantarían por la mañana con la inquietante sensación de que el club acabaría cerrando por derribo. No era de extrañar puesto que Bernabéu, que antes fue jugador, segundo entrenador, entrenador, delegado y directivo, acabó siendo elegido provisionalmente presidente del Real Madrid el 15 de septiembre de 1943, y aquella provisionalidad duró nada más y nada menos que treinta y cinco años. Es comprensible, pues, que aquel día de primavera del 78, muchos madridistas se fueran a la cama con la impresión de que el equipo de sus amores simplemente desaparecería sin la figura de aquel hombre bajo cuya presidencia el club había conquistado, entre otros títulos, 16 Ligas, 6 Copas de Europa, 6 Copas de España, 1 Copa Intercontinental y 2 Copas Latinas para el equipo de fútbol, y 19 Ligas, 18 Copas de España, 6 Copas de Europa y 3 Campeonatos Mundiales de Clubes para el equipo de baloncesto. No creo que nadie tenga la menor duda de que, si hace bien poco la FIFA eligió al Real Madrid "mejor club del siglo XX", se debió a que Santiago Bernabéu fue, a su vez, el mejor presidente, el más serio, el más severo y, por supuesto, el más trabajador.

De Bernabéu se han contado mil anécdotas. Dicen, por ejemplo, que enfermo de cáncer se negó a que el Real Madrid le pagara un sueldo como presidente y que, adelantándose a las circunstancias, prohibió tajantemente a su mujer que aceptara una pensión cuando él falleciera. Si se llevaba algún periódico a su casa, pasaba por caja a pagarlo y llegó a acudir a alguna recepción con trajes remendados, hasta el punto que sus directivos acordaron regalarle uno nuevo para su cumpleaños; llegó incluso a nombrar vicepresidente a Francisco Muñoz Lusarreta, un viejo amigo de la infancia, porque era su proveedor oficial de Montecristos, puros habanos que devoraba. Aquel personaje que se fue sin un duro porque jamás en su vida aceptó un apaño, el presidente que construyó un estadio nuevo a pesar de tener las puertas de todos los bancos, a excepción del Mercantil, cerradas, el hombre que le iba pidiendo a Di Stéfano que apagara las luces a medida que iban pasando por las habitaciones, levantó este imperio deportivo cuyo último presupuesto asciende a trescientos millones de euros.

Por eso, de todo lo que dijo el otro día en su adosado de la SER el decimoséptimo presidente del Real Madrid, lo que más me indignó fue lo siguiente: "me sorprende que al presidente más elogiado, Santiago Bernabéu, nadie le preguntó nunca de lo que vivía y no llegó a trabajar". ¿No llegó a trabajar Bernabéu? ¿El señor que levantó el estadio desde cuyo remozado palco puede presentar el decimoséptimo presidente del Real Madrid a Diarra en francés, Pepe en portugués, Robben en inglés, Metzelder en alemán y Cannavaro en italiano, no llegó a trabajar? ¿Es cierto que no trabajó nunca Bernabéu, quien, en una operación relámpago, le quitó al Barcelona a Di Stéfano, el jugador que luego revolucionaría el fútbol, en sus mismísimas narices? Puede que a los socios del Real Madrid les importe un rábano lo de la escuela de fútbol de Ensenada (por cierto: Bernabéu, Calderón, Saporta o De Carlos se caerían literalmente de espaldas sólo con una tercera parte de lo que denunció el lunes Abellán en El Tirachinas), pero esto es demasiado. Una cosa es que en un club no exista la oposición –aunque ahí está Joan Laporta para demostrar todo lo contrario– y otra cosa bien distinta es que la desidia, el absentismo y la desmemoria hagan mella en el Real Madrid de Santiago Bernabéu, un club de fútbol en el que importaban muchas más cosas además del resultado del partido del próximo domingo. Porque le recuerdo desde aquí al decimoséptimo presidente del Real Madrid que ese club sigue siendo de Santiago Bernabéu, aunque ya no esté. Usted, señor Calderón, es el único provisional de toda esta historia.

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