El penúltimo raulista vivo

Rosell, Gaspart y cómo tocar fondo

Resulta hasta cierto punto lógico que, entre tanto veneno político, la inmundicia deportiva pase inadvertida, pero conviene reseñar que entre ayer y hoy se han producido las declaraciones de dos ex presidentes del Fútbol Club Barcelona que avergüenzan a cualquier persona que esté en su sano juicio y no haya perdido sus cabales, con la única salvedad de que ni Sandro Rosell ni Joan Gaspart, que es a los dos ex presidentes culés a los que me refiero, son vicepresidentes del Gobierno y, por lo tanto, la estricnina de sus palabras tiene una dimensión menor y el daño que provocan está más controlado. Mire, Rosell, mire, usted, como tantas otras personas, ha sido víctima de un sistema judicial que es imperfecto. Permaneció usted 604 días en prisión preventiva para, al final, ser absuelto de los cargos que se le imputaban.

No quiero ni imaginar qué le puede pasar por la cabeza a alguien que se sabe inocente y que, sin embargo, se ve obligado a sufrir la prisión preventiva más larga de la historia en España a la espera de un juicio que no se sabe si confirmará o no los cargos. Hemos estado, y aún estamos, en Estado de Alarma; nos hemos visto obligados a permanecer encerrados en nuestras casas durante dos meses y medio, con comida, con la higiene necesaria, con nuestro teléfono móvil, nuestra tablet, nuestras películas y nuestras series y, pese a todo, nos ha costado Dios y ayuda, hemos creído enloquecer, de modo que no quiero ni pensar lo que puede suponer estar encerrado en una celda, alejado de tus seres queridos y sin saber qué te deparará el destino inmediato. Hará bien Rosell en reclamarle al Estado lo que considere oportuno y le animo desde aquí a que defienda su suerte en los tribunales de Justicia hasta el final, pero sus palabras sugiriendo que si se le encarceló fue porque presidía el Barcelona incitan al odio y, puesto que las hace alguien con cierta relevancia social, pueden confundir a la gente. También es cierto que Rosell es el mismo que hace poco dijo que él votaría que sí en un hipotético referéndum por la independencia de Cataluña y luego, y en el caso de que ganara el "sí", se iría de Cataluña, o sea que más incoherente y disperso no puede ser el pobre. Pero reducir la razón de su situación carcelaria a la presidencia del Barcelona, en fin, no tiene sentido. Joan Laporta también fue presidente del Barcelona y no ingresó en prisión. José María Bartomeu es presidente del Barcelona y no ha ingresado en prisión. Joan Gaspart fue presidente del Barcelona y no ingresó en prisión. Si esos fantasmagóricos hilos de la justicia fueran manejados en clave futbolística o ideológica, Laporta debería haber entrado en la cárcel y no lo hizo. Basta de demagogia.

El otro charlatán del día ha sido Joan Gaspart. Debe ser que el ex presidente del Barcelona no ha tenido bastante con los 28.000 muertos oficiales y más de 40.000 reales provocados por la pandemia y se permite flirtear con el Covid-19 de un modo muy similar a como lo hace el gilipollas (según él mismo confiesa) de Coronavirus oé. Dicen que entre la genialidad y la locura existe una finísima e indetectable frontera y yo siempre tuve la impresión de que Gaspart se saltó aquella aduana, burló todos los controles y, en vista de que no podía ser un genio, decidió pasarse al lado oscuro y ser el mejor loco posible. Y en esas está, en esas sigue. Dice el trasnochado Gaspart que, de haber sido líder el Madrid cuando hubo de suspenderse la Liga cuando se declaró la alerta sanitaria mundial, el campeonato no se habría reanudado. Es decir, además de la judicial, la deportiva, la social y la política, Gaspart ve ahora también una mano negra viral. El virus no surgió en China, no, el Covid surgió en el estadio Santiago Bernabéu.

Tengo para mí que, de haberse producido a la inversa, ningún madridista habría sido tan desvergonzado como para reclamar una Liga mientras la gente moría y nuestros sanitarios no daban abasto. Las declaraciones de Gaspart, que se ha convertido en un histrión con el que rellenar programas de radio, son la antítesis de eso que el barcelonismo da en llamar "seny". No habla un socio culé cualquiera, no, lo hace el socio que dirigió el rumbo del club durante un tiempo y que fue el segundo de abordo durante mucho tiempo más. El nivel de estos dos expresidentes puede explicar el que el Barcelona haya decidido no devolverle el dinero a sus socios por aquellos partidos correspondientes a la Liga que no van a poder presenciar en el Camp Nou o haya clausurado varias academias sin que se haya devuelto al dinero a los padres con la excusa del coronavirus. En un fantástico artículo firmado en La Galerna, mi amigo Paul Tenorio confiesa su decepción cuando, al ser conocedor de la salida al mercado de las mascarillas culés y tras suponer que el dinero recaudado iría en parte destinado a la lucha contra la pandemia, cayó del caballo como Saulo, vio el precio de 18 euros de cada una de ellas y llegó a la conclusión de que lo recaudado por las mascarillas iría destinado íntegramente... al fichaje de Lautaro. El nivel es bajo, más bien escaso. Parafraseando a Groucho, de la nada han llegado a la más absoluta de las miserias. ¿Han tocado fondo? Yo creo que no.

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