El penúltimo raulista vivo

Ronaldo y la conjetura de Poincaré

Casi un siglo han tardado los matemáticos en demostrar la conjetura de Henri Poincaré, el inventor de la topología. Cien años, que se dice pronto. Y todo porque este físico francés se levantó un día con el pie izquierdo y le dio por ir diciendo por ahí que en el espacio de dimensión 4, toda variedad de dimensión n=3, cerrada y simplemente conexa, sería homeomorfa a la esfera de dimensión n=3. Dijo eso y se fue a dormir tan tranquilo sin poder demostrarlo, pero Grigori Perelman, que es un sabio ruso muy excéntrico, le dijo a su señora madre, con la que todavía sigue viviendo, que ya estaba bien de tanto n=3 y de tanto niño muerto y que hasta que no resolviese la famosa conjetura le llevase la cena a su habitación. Perelman se enclaustró, vivió como un ermitaño, pero acabó tranquilizándonos a todos y resolvió al fin la dimensión que nos faltaba porque para n=1, n=2, n=4, n=5, n=6 y para n igual o mayor que 7 ya no había ningún problema.

Afortunadamente el mundo del fútbol es más sencillito. Un balón, por ejemplo, es una variedad de dimensión 3, una esfera; lo podemos manipular cuanto queramos que seguirá siendo una esfera. Y un cara de dimensión estratosférica, por poner otro ejemplo, seguirá siendo toda su vida un cara de dimensión estratosférica (tranquilo Grigori, que para resolver esta conjetura no hace falta que vuelvas a encerrarte en tu habitación). El día que Ronaldo dijo aquello de que en el estadio Santiago Bernabéu se sentía como un extraño, ese mismo día tendría que haber dejado de llevar la camiseta del Real Madrid. Al delantero brasileño se le concedió entonces el beneficio de la duda y durante todo este tiempo ha disfrutado de un plus por parte de la afición madridista, su afición.

Ahora el Milan viene a por Ronaldo, y Ramón Calderón, que parece que sabe que el brasileño quiere irse, pretende incluirle en un canje por Kaká. Ronaldo fue el mejor delantero centro del mundo con mucha diferencia sobre el segundo. Y eso era así por las condiciones naturales que tiene ese chico para jugar al fútbol y porque se preparaba a fondo para ello. Las condiciones sigue teniéndolas, pero yo creo que Ronaldo, en la frontera de los treinta, perdió en algún momento a lo largo de su carrera deportiva, no me pregunten cuándo, la ambición imprescindible para seguir compitiendo al máximo nivel; o sea, al nivel que exige el Real Madrid. Ancelotti se mantiene en la creencia de que puede resucitar la ambición de Ronaldo del mismo modo que Perelman acabó resolviendo la conjetura de Poincaré. Pero no creo que Berlusconi le dé un siglo para conseguirlo.

Si hace tres años alguien me hubiera preguntado qué opinaba yo sobre Ronaldo mi respuesta habría sido muy sencilla: "es el mejor 9 del mundo". Hoy no creo lo mismo. Y me parece que Fabio Capello tampoco lo cree. Y además tengo la sensación de que Ronaldo lo intuye. A Capello, que sin embargo halaga sin empacho a Kaká, le gusta más un delantero centro como Van Nistelrooy, capaz de sufrir, capaz de bregar, capaz de luchar los noventa minutos del partido. Ronaldo es la antítesis de ese tipo de jugador. Al brasileño le hicieron universalmente famoso sus diez segundos de intuición, colocación y habilidad. Pero hoy Ronaldo tiene la cabeza en otro sitio, quizás en Italia, donde le ofrecen un sueldo mejor. Entenderán que yo, que ya le habría puesto de patitas en la calle tras criticar a la afición del Real, por 18 millones de euros le ponga un lacito y le saque billete en el primer avión que parta hacia Italia. Ronaldo era un fenómeno, pero hoy es otra cosa. Esa conjetura resuélvanla ustedes.
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