El penúltimo raulista vivo

Robert Moreno: ¿un seleccionador tutelado?

Ahora resulta que todo el mundo conoce al dedillo la trayectoria profesional del nuevo seleccionador nacional de fútbol, Robert Moreno, pero hasta hace dos días, justo hasta que tuvo que suplir circunstancialmente a Luis Enrique debido a los problemas personales de éste, a Moreno le concocían tres gatos, y gatos, todo sea dicho de paso, muy especializados. Esto no quiere decir absolutamente nada, claro; seguro que Moreno es un entrenador fantástico, un técnico voraz como lo ha definido Luis Enrique, y que va a aprovechar la ocasión que le han dado, pero la federación apostó ayer para el puesto más prestigioso del fútbol español por un absoluto desconocido... salvo en círculos muy próximos a Luis Enrique, con quien lleva trabajando mano a mano durante mucho tiempo.

A Moreno, como a todos los entrenadores que en el mundo han sido y serán en el futuro, le van a santificar o a enviar directamente al infierno los resultados. Si sus resultados son buenos, si España se clasifica para la Eurocopa y luego conquista el campeonato o llega a la final o a las semifinales, su elección habrá sido buena; si no lo hace, si España se la pega, la elección habrá sido mala. Pero yo no estoy hablando de eso porque a Moreno, que no es un entrenador muy reconocible para la afición, le va a pasar exactamente lo mismo que a Luis Enrique, a Lopetegui antes que a él, a Luis Aragonés, a Miguel Muñoz o a José Antonio Camacho, que eran todos ellos popularísimos. No hablo de eso sino de la elección en sí, que no entiendo desde el punto de vista de que yo creo que al cargo de seleccionador nacional llega uno después de haberse confirmado como un buen entrenador, uno de prestigio contrastado, a lo largo de una dilatada carrera profesional. A excepción de Lopetegui, cuyo nombramiento también causó cierta sorpresa, así ha pasado con todos y cada uno de los seleccionadores nacionales; y Lopetegui tenía bastante más experiencia que Moreno al más alto nivel.

Lo del estilo no me lo creo. No me creo que no haya entrenadores en España que no sean capaces de evolucionar la selección en una dirección similar a la pretendida por Luis Enrique. Lo de que la federación quiera conservar el buen ambiente, el ambiente familiar, tampoco me lo creo: el ambiente siempre ha sido familiar; era familiar con Luis Enrique y con Lopetegui, y antes fue familiar con Del Bosque, incluso demasiado familiar para mi gusto. Está claro que la suerte de Robert Moreno será la nuestra y que de su acierto a la hora de confeccionar las listas primero y los onces titulares después dependerá el éxito de la selección, que es lo que todos queremos, pero, por mucho que lo intento, no logro que se me vaya de la cabeza la idea de un seleccionador tutelado, que es algo que sugirió ayer por la tarde el propio Moreno. Y eso no es de recibo: o estás o no estás, pero mediopensionistas no.

Cuando, por una cuestión de testiculina pura y dura, Luis Rubiales destituyó a Julen Lopetegui, esta federación también se saltó a la comba la lógica del nombramiento, obvió a Albert Celades, que estaba a la cola, y colocó de repente al director deportivo en el banquillo, lo que nos condujo directamente al desastre más absoluto en el Mundial. Pero a la hora de tomar aquella decisión tan extraña, sucedida por otra aún más rara, se puede alegar el eximente de la precipitación por la falta de algo tan valioso como el tiempo, imprescindible para madurar cualquier resolución. Recuerdo que incluso llegó a manejarse el nombre de Bob Martínez, que habría sido aún más rocambolesco si tenemos en cuenta que dirigía a Bélgica. Aquí no ha habido precipitación, aquí se ha tenido todo el tiempo del mundo y, por lo tanto, la decisión se ha tomado después de una (imagino) profunda y seria reflexión acerca de lo que interesa más a nuestra selección.

¿Qué pensarán del nombramiento de Robert Moreno otros entrenadores españoles con mucha más experiencia y que seguro que tenían tanta ilusión como él?... No sé si eso importa tampoco mucho, la verdad; tampoco se puede contentar a todo el mundo ni la federación está para premiar a los entrenadores. Lo que sí me importa a mí, como español y como aficionado de la selección, es que al puesto de seleccionador llegue siempre un entrenador con la suficiente experiencia en banquillos de élite como para poder dirigir con cierta solvencia a España. ¿Se da esa circunstancia con Moreno? Pues yo creo que no, aunque, insisto, eso no signifique en absoluto que Robert no pueda hacerlo fenomenal. La suerte se la deseamos, naturalmente. Aunque, al menos en mi caso, el método científico empleado para elegirle a él y no a otro siga sin comprenderlo.

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