El penúltimo raulista vivo

Rien de rien

El ciclismo francés celebró el año pasado sus bodas de plata con el fracaso más absoluto y total en el Tour de Francia. Es un matrimonio solidísimo, una unión imperecedera que, allá por 1985, Bernard Hinault estuvo a puntito de arrojar por la borda tras coronarse vencedor en los Campos Elíseos de París. Gracias a Dios, las cosas volvieron después a su sitio y, después de la victoria del Caimán, rien de rien. Once de esos veinticinco años de sequía del ciclismo galo, que hasta hace nada gozaba de un merecido prestigio, han sido aprovechados por corredores españoles para traerse para aquí la carrera por etapas más importante del mundo. Seguro que Henri Desgrange no estaba pensando en esto cuando se sacó de la manga el Tour, no señor. La última vez que un francés ganó la carrera, en la tele ponían Superagente 86. Con eso lo digo todo.

Y si no hay nada que parezca que pueda hacer temblar el matrimonio del ciclismo galo con el fracaso... ¡qué decir del tenis!... El último francés que ganó Roland Garros fue Yannick Noah, dos años antes de que le petit blaireau (el pequeño tejón) ganara el último Tour. Once de esos veintisiete años que nuestros vecinos llevan viéndolas venir en el torneo sobre tierra batida más importante del mundo han sido utilizados por jugadores españoles para llevárselos a su casa. Rafa Nadal, a quien el público parisino también ha abucheado en reiteradas ocasiones, se ha convertido con sus seis títulos en el tenista más lauredado junto con Björn Borg, con la diferencia, a favor de nuestro chico, de que, mientras el sueco lleva casi treinta años retirado, Rafa está en plena ebullición.

El público francés siempre ha sido así de maleducado. Y especialmente, aunque no sólo, con los deportistas españoles. A Eddy Merckx, el más grande, también le insultaban y hubo incluso quien quiso tirarle de la bicicleta. Se equivoca de medio a medio quien pretenda encontrar en los abucheos de ayer a Alberto Contador en la presentación de Le Puy du Fou un gesto de disconformidad hacia la actitud del líder del Saxo Bank en el tema del dopaje. Lo que no aguantará ni asimilará jamás la afición francesa es que el madrileño haya ganado tres de las diez últimas ediciones del Tour y que las últimas cinco hayan hablado español. Con lo que no pueden es con los 28 años de Alberto, por ahí no pasan. Algo tendrán que hacer, aunque luego, tras los pitos, los nuestros les den además las gracias. Por jorobar.

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