El penúltimo raulista vivo

¡Campanazo y se acabó!

En el mítico Un, dos tres, el genial programa ideado por ese mago de la televisión llamado Chicho Ibáñez Serrador, las Tacañonas interpretadas por las hermanas Hurtado marcaban el final del tiempo que los concursantes tenían para responder a las preguntas con un "¡Campana y se acabó!". Pues bien: lo de la vigente campeona del mundo, que aún lo es, ha sido un campanazo. Se acabó la participación de España en el Mundial de Brasil. Y el balance no puede ser más desesperante: en 180 minutos la selección ha encajado 7 goles y ha marcado uno solo y de penalti que no fue. Tan esperpéntico final únicamente puede tener un máximo responsable, que no es otro que Vicente del Bosque. Sabedor de que la generación que nos había hecho campeones de Europa y del mundo estaba de vuelta de todo, tocada y con la gasolina justita, prefirió seguir confiando en la columna vertebral del Barça antes que tomar decisiones. Porque Del Bosque, como Mariano Rajoy, piensa que no tomar decisiones ya supone una decisión.

Del Bosque confió por ejemplo en Xavi, que se va a Qatar, o en Villa, que acabará en Australia y después en Estados Unidos, porque carecía de la necesaria "fuerza moral" para decirles que su tiempo, si bien glorioso, había pasado. A Vicente le faltó carácter, se dejó llevar, se blindó de elogios y no supo reaccionar a tiempo. En definitiva: no fue un seleccionador porque, y ya lo dije aquí nada más conocerla, su lista era cobarde y bienqueda y no premiaba a los mejores y más fuertes sino a sus chicos, a los que le habían hecho campeón. No tuvo Del Bosque fuerza moral el 1 de junio para dar las gracias y decir que no a una serie de jugadores y se convirtió entonces en un mal director de recursos humanos de un grupo que estaba muerto físicamente. Ante Holanda, el rival sin duda alguna más duro del grupo, Vicente insistió erre que erre: Xavi, Busquets, Piqué... todos titulares. Hoy (a la fuerza ahorcan) sí tuvo la fuerza moral necesaria para dejarles en el banquillo.

Todos los homenajes del mundo para una generación que ha conseguido los mayores éxitos futbolísticos de nuestra historia, todos. Que se sepa hasta en el último rincón de España que estos jugadores nos hicieron campeones del mundo. De norte a sur y de este a oeste, desde Poyales del Hoyo hasta Guarromán, desde Venta de Baños hasta Pozal de las Gallinas, desde Cenicero hasta Villapene. Que se les levanten estatuas y que se pongan sus nombres a los Polideportivos de sus respectivas ciudades. Pero el homenaje, querido seleccionador, en un Mundial no, en una Eurocopa no, jugándonos un título no. Eso fue lo que algunos (muy pocos) le dijimos por activa, pasiva y perifrástica a Vicente del Bosque y casi resultamos excomulgados. Vicente no actuó como un jefe sino como un colega, un amigo, tito Del Bosque. Y así no.

Esto no es una competición por saber quién quiere más a Del Bosque y a estos jugadores. Tendrán nuestra admiracón eterna... pero el ridículo de Brasil 2014 también ha sido mundial. La hora de la renovación, que a lo mejor tampoco nos habría garantizado el pase a octavos, era hace un mes. Ahora es la hora del bochorno por no haber actuado a tiempo, por haber dejado pasar las horas en balde, por mirar hacia otro lado y no agarrar el toro por los cuernos, por hacer el Don Tancredo. Hace un mes era la hora de la renovación de los jugadores y esta noche, mal que me pese, es también la hora de la sustitución del seleccionador. El paso, por supuesto, deberá darlo Vicente porque Villar también cree que no hacer nada ya es hacer demasiado. Por decoro y dignidad y por respeto a su trayectoria deportiva, que es muy grande, Vicente debe presentar su dimisión irrevocable y Villar debe aceptársela. Sangre nueva ya. Orgullosos de nuestro reciente pasado pero pensando necesariamente en el futuro.

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