El penúltimo raulista vivo

Ricos, pobres y el peso de la púrpura española

Con permiso del seleccionador, lo de los nuevos ricos ya lo dije yo el lunes por la noche en Futboleros para tratar de explicar ese amargor que recorre nuestro cuerpo y la permanente insatisfacción que no encuentra ni paz ni descanso aún cuando nuestra selección viene de ganar una Eurocopa y un Mundial. Somos como el Jett Rink de Gigante y, ya puestos, Inglaterra podría ser como la Condesa polaca Anna Staviska de Operación Cicerón. La cosa tiene cierta lógica porque si, áun habiéndonos estrellado una y otra vez hasta 2008, siempre éramos favoritos y siempre nos veníamos para casa antes de tiempo, ahora que somos campeones de todo parece normal que la afición eleve el listón y sueñe con una España pentacampeona europea y Mundial. Somos así: no aceptamos biscottos de extraños y tampoco tenemos suficiente con mil nuevos pozos de petróleo surgidos de repente en una tierra que hasta hace dos días era yerma y aparentemente inservible.

Pero una cosa es que seamos como el Rink de Gigante y otra que no hubiera motivo más que suficiente para la crítica y el debate futbolísticos después del mal partido contra Croacia. No creo que Vicente tenga razón cuando dice que los españoles somos los únicos que no nos abrazamos después de la clasificación para cuartos de final: nos abrazamos, y mucho además, y también resoplamos puesto que sin las intervenciones milagrosas de San Iker probablemente tendríamos que haber hecho las maletas antes de tiempo. ¿Cómo no se le va a exigir a la vigente campeona de todo que juegue maravillosamente bien al fútbol cuando ya se le exigía eso mismo cuando era vigente campeona de nada?... España ya no es una sorpresa, todo el mundo sabe a qué y cómo juega y da la sensación de que, como le pasa al Barcelona de Guardiola, ha fiado su suerte al mejor y más perfecto plan A que hay sobre la faz de la tierra, descuidando un poco los posibles planes B, C, D y E.

Pero el nivel de exigencia inherente al éxito cosechado no es, según parece, únicamente externo sino también interno. Si mal no recuerdo, Felipe del Campo soltó el lunes una bomba que, a mi modesto entender, ha pasado inadvertida: en caso de eliminación ante Croacia y pese a que Del Bosque ha ampliado su contrato hasta el Mundial de Brasil-2014, el seleccionador habría presentado su dimisión. Y de Vicente sí me lo creo, no como sucedió con Luis Aragonés. A España, que para algo es la número uno, no sólo la van a jugar atrás sobre el campo sino también fuera de él. La prensa internacional ya está dudando del valor real de nuestro equipo y en cuartos nos vamos a ver las caras con Francia, de forma que lo lógico y natural es esperar que hoy o mañana empiecen a bailar los guiñoles de Canal Plus. Nadie dijo que fuera sencillo. Tampoco el dinero le dio la felicidad a Jett Rink, eternamente celoso de Rock Hudson y, como todos, perdidamente enamorado de Elizabeth Taylor. Es el peso de la púrpura.

A continuación