El penúltimo raulista vivo

Retirar la otra mejilla

La portada de Marca de hoy iba en la dirección que yo os anuncié el pasado jueves: en el vestuario del Real Madrid se temen que la campaña del penalti les pase factura en las semifinales contra el Bayern. Ya lo veremos dentro de unos días y luego el 1 de mayo pero tengo para mí que, desafortunadamente para el equipo blanco, el trabajo sucio ya está hecho, ha calado la idea de que el Madrid está siendo muy beneficiado y que, efectivamente, los jugadores deberán estar con las orejas muy tiesas durante los 180 minutos contra el equipo alemán y luego, si tienen la fortuna de disputar su cuarta final de los últimos cinco años, doblemente pendientes.

Pero conviene insistir en que el antimadridismo al que se refieren Zidane y Lucas o Ramos no es el de los aficionados. Es normal que un seguidor culé sea antimadridista. Es lógico que un colchonero o un valencianista sean antimadridistas. Es razonable que un sevillista sea antimadridista. Pero quienes transmiten la idea mentirosa de que el Madrid robó a la Juve el otro día y atracó al Bayern la temporada anterior son los medios de comunicación que publican encuestas en ese sentido... para luego retirarlas inmediatamente. Y también habría que insistir en que el Real Madrid es, en gran medida, culpable de esta situación. Puesto que ese antimadridismo editorial no va a cambiar, puesto que ese odio estructural va a seguir siendo el mismo ya esté en el banquillo el malo-malísimo de Mourinho o ese caballero sin espada llamado Zinedine Zidane, el club debería contemplar la posibilidad de dejar de poner la otra mejilla en algún momento determinado a lo largo de los próximos 25 años.

La gestión de Florentino Pérez es económicamente inmaculada y deportivamente muy difícil de igualar. Es, en mi opinión, y tan sólo por detrás de Santiago Bernabéu, el mejor presidente de la historia del Real Madrid. Pero es cierto que, probablemente porque crea que la institución está por encima del bien y del mal, ha cometido un error de bulto en este punto concreto. Si al independentismo catalán le das, y le das, y le vuelves a dar, el independentismo va a crecer y, en el futuro, que es nuestro presente, te lo va a pedir todo. Lo mismo ocurre con el antimadridismo, que si le das, le das y le vuelve a dar, te lo va a pedir todo. Ya te lo está pidiendo todo. Y si hay que chantajear, se chantajea. Si, al antimadridismo mediático nacional, ese lento goteo de imagenes de jugadas polémicas no repetidas, esa doble vara de medir a la que hizo referencia Isco vía Twitter, le añadimos la colaboración necesaria de agentes del extrarradio como Pep Guardiola, que en España tiene una legión de adeptos, si no colocas un dique y contraatacas, lo llevas crudo.

Por mucho que yo le tenga un cariño especial, no puede ser que el madridismo tenga que agarrarse al clavo ardiendo de Arbeloa, que parece un comando autónomo independiente de la autoridad blanca y que ya sufre lo suyo por desempeñar esa labor contra todo y contra todos. Emilio Butragueño casa muy bien con ese aire beato que se le ha querido dar al Madrid pero no es en absoluto el guerrillero que necesita el club. Así que, según yo lo veo, el Real Madrid debería pasar al ataque después de llevar más de 15 años defendiendo. ¿Cómo? ¿Con quién? ¿En qué debería materializarse esa nueva política?... No lo sé. Pero, en lo que a las semifinales contra el Bayern se refiere, y según creen los propios jugadores, el daño ya está hecho. Si ya era una misión difícil conquistar tres Champions consecutivas, ahora parece una misión imposible. El antimadridismo ha hecho su trabajo... ¿y el Real Madrid, hará el suyo el Real Madrid?

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