El penúltimo raulista vivo

Reflexiones sobre el Real Madrid-Barça

Este Real Madrid de Pablo Laso está teniendo ante el Barcelona algunos problemas propios y otros que, aún siendo ajenos, pueden cavar su tumba. Entre los problemas propios el más sorprendente de todos es sin duda la desaparición de la serie de dos jugadores, Carroll y Rudy, llamados a ser definitivos. No sólo no han sido letales sino que, fruto probablemente de su tenaz falta de puntería, la ansiedad que les ha provocado su mal momento de forma está convirtiéndoles en un peso muerto para su equipo. Se ve que Laso quiere aguantar con ellos en cancha y que espera la reacción, que llegue el bendito instante de inspiración, pero para el Madrid supone un problemón jugar con uno menos en pista cuando además resulta que los partidos se están moviendo en un alambre finísimo, a punto de quebrar, y dependen de pequeños detalles. Y, por mucho que digan, a Rudy no se le ha traído para defender, que lo hace muy bien, sino para anotar el triple salvador.

Mirotic ha aparecido algo más que Rudy y Carroll, de los que simplemente no se tienen noticias hasta el momento de escribir este artículo, pero también está por debajo del nivel que se espera de un superclase como él. Lo del tercer partido estuvo muy bien, pero yo quiero verle hacer eso mismo con el marcador en contra. Otro problema, éste visible desde hace mucho tiempo, es que el Real Madrid no cuenta en sus filas con un 5 intimidador y que la enchufe. Begic no es definitivamente ése jugador y también desespera comprobar cómo un tipo con 216 centímetros se deja asustar por el vuelo de una mosca. Claro que un 5 en condiciones vale una pasta (Tomic se fue al Barcelona por dinero) pero si el club quiere dar el salto definitivo de calidad deberá pasar ineludiblemente por taquilla.

Parece que los jugadores del Real Madrid hubieran interiorizado que son muy superiores a un Barcelona sin Pete Mickeal y con el peor Lorbek que uno logra recordar, pero en el equipo de Pascual siempre aparece alguien, siempre hay alguien que la pide, siempre hay alguien que la mete en el arito cuando queda en el crono un segundo de posesión. El Barça no está dejando correr al Madrid, y ése es otro problema evidente pero previsible. Y es justo en este punto cuando emerge la inconmensurable figura (tanto dentro como fuera) de Felipe Reyes. Reyes la pide, Reyes la enchufa (¡hay que ver cómo ha mejorado este chico en esa faceta!), Reyes rebotea... Pero Reyes, qué más quisiera él, no se puede multiplicar por tres, eso sólo lo hacía, y a veces, Drazen Petrovic.

El problema ajeno al que me refería al principio es el arbitral. Que Andrés Jiménez diga que el Madrid está metiendo presión a los colegiados, cuando quien lo ha hecho desde el principio ha sido el Barcelona, es tan gracioso como cuando Migueli, conocido por su sutileza sobre el campo, dijo aquello de que con Mourinho se jugaba al patadón. Comprendo que haya quien piense que a la ACB le interesa forzar como sea un quinto partido y compruebo con cierta estupefacción que, salvo el propio Reyes, a Laso y a sus chicos también les falta un puntito de competitividad con respecto a su rival, que es todo un experto en la materia, en ese aspecto extradeportivo de las quejas y el ruido. Llegados a este punto, con un 2-2 que nadie quería en el Madrid, no creo que el factor cancha vaya a arrugar a un equipo de guerrilleros que saben muy bien dónde y cuándo hay que apretar. Toca rezar. El único problema es que en el santoral hay tantos culés como madridistas.

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