El penúltimo raulista vivo

Real Madrid-Barcelona: ¿y ahora qué?

Ayer finalizábamos Fútbol es Radio con el ruego de que los asesinos no nos quitaran el fútbol. No era una petición simplista, nada más lejos de la realidad; lo que queríamos decir es que no podíamos dejar que los criminales marcaran también nuestra agenda vital, lo que debíamos o no debíamos hacer, a qué sitios podíamos ir y con quién o quienes teníamos que hacerlo. Anoche, a eso de las doce y media, a punto de finalizar El Primer Palo, algunos medios de comunicación belgas anunciaron que el partido amistoso que debían disputar Bélgica y España quedaba definitivamente suspendido debido al riesgo cierto de que se produjera un atentado, noticia que se vio confirmada tan solo unos pocos minutos después. Y, de repente, al quedarnos sin fútbol, caí en la cuenta de que efectivamente estábamos en guerra tal.

El fútbol ejerce sobre el terrorismo un efecto de atracción fatal similar al que provoca un panel de rica miel sobre las moscas. Si resulta tan atractivo para ellos es por el simple hecho de que lo único que persiguen es matar a mansalva, hacerlo rápidamente y lograr, además, un efecto expansivo del miedo: todos esos ingredientes, incluida por supuesto la publicidad a nivel mundial, los tienen servidos en bandeja de plata en el fútbol, a su entera y glotona disposición criminal; todos esos ingredientes los tenían estos locos criminales fanatizados en el partido del viernes entre Francia y Alemania y también en el que hoy debían disputar Bélgica y España. De no ser por la diligencia de un policía, uno de los terroristas del viernes negro de París habría logrado acceder al Estadio de Francia y sólo Dios sabe qué habría sucedido entonces en el caso de haber logrado pasar al recinto, sólo Dios lo sabe; es probable que la cifra de muertos se hubiera multiplicado por dos.

El barrio de Molenbeek, señalado como centro de operaciones y diseño del 13-N, se encuentra a 6 kilómetros y 200 metros del estadio donde debía disputarse el España Bélgica, a 16 minutos en coche y a una hora andando a buen ritmo. Matar es fácil si uno carece de escrúpulos y de conciencia, de forma que cualquier objetivo potencial se encuentra en realidad a tiro de piedra para un asesino dispuesto a morir llevándose por delante a todo el mundo. Debo confesar que, por primera vez en mucho tiempo, no tengo una opinión formada y clara al respecto de algo; por un lado, estoy seguro de que los criminales no pueden dirigir nuestro día a día porque eso querrá decir que han ganado la otra guerra, la psicológica; por el otro, si cerrando un campo pueden salvarse vidas... Antes decía que el fútbol es para los criminales como el rico panel de miel para las moscas: el sábado se juega en el estadio Santiago Bernabéu el mayor espectáculo futbolístico que, a día de hoy, puede verse en todo el mundo... ¿Y ahora, qué?...

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