El penúltimo raulista vivo

Raúl en la memoria

No sé quién dijo una vez que la memoria era el único paraíso del que no podíamos ser expulsados. El hecho de que Raúl González Blanco fuera el otro día finalista del premio Príncipe de Asturias de los Deportes no es debido, según creo, a sus tres Mundiales disputados, las dos Eurocopas y los Juegos de Atlanta, tampoco a los 44 goles que marcó en 102 partidos disputados con España, ni a los 20 en 27 encuentros jugados en categorías inferiores. Si Raúl fue "ganador moral", puesto que el madridista no mandó sus naves a luchar contra los elementos que componían el jurado, del premio que al final se llevó el campeonísimo del atletismo y de la vida Haile Gebreselassie no fue por las más de veinte distinciones individuales que recibió, entre ellas un Balón de Plata que debió ser de Oro según todos los especialistas, ni por las tres Champions, dos Intercontinentales o seis Ligas, sino porque aún conservamos en la memoria, ese paraíso del que nadie nos puede expulsar, su ejemplar comportamiento dentro de los terrenos de juego.

De acuerdo con que Raúl fue el emblema del club deportivo más universal del planeta Tierra durante 16 años y, citando a Luis Aragonés, se dedicó a tirar del carro del equipo nacional durante otros 12, pero si el otro día rozó el larguero de un premio en el que su candidatura partía en clarísima desventaja, no fue, según me parece a mí, porque el futbolista madrileño acabara convirtiéndose en la cabeza visible e identificable del Real o uno de los deportistas más queridos de nuestro país sino porque cuando jugaba al fútbol no fingía, no se revolcaba por los suelos como herido por un rayo, no acudía a los subterfugios del juego, ni descendía tampoco a las cloacas del deporte profesional, que también las hay; Raúl siempre sabía qué y a quienes representaba, tenía claro lo que significaba ponerse una camiseta del Real Madrid o formar en el once inicial de España cuando sonaba, si es que había suerte y funcionaba la megafonía, el himno nacional.

Xavi superó ayer el número de internacionalidades de Raúl y Villa batió otro de sus registros y ya ha marcado un gol en al menos 36 partidos con España, pero el mítico 7 de España se ha convertido en un jugador de leyenda, y el de las leyendas, como el de los pensamientos que conservamos blindados y bajo siete llaves en lo más recóndito de nuestra memoria, es otro paraíso del que ningún agorero nos puede expulsar. Por lo demás, y siendo cierto que al jugador del Schalke le están quitando sus records otros jugadores más jovenes que él, cuando hablamos de Raúl cometemos a veces el error de hacerlo como si de un jubilado se tratara, y no es así; Raúl sigue en activo, continúa marcando muchos goles, es un ídolo en la Bundesliga y ha habido algunos momentos, tanto con Luis como con Del Bosque, en que se ha ganado en conciencia y con su esfuerzo volver a jugar con España. Lo sé yo y lo saben ellos. Tiene premio resolver ese misterio.

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