El penúltimo raulista vivo

Ramos desde su trinchera

Sergio Ramos, que presume de madridismo, ha utilizado la concentración de la selección española de fútbol para lanzarle otro cóctel molotov a su entrenador. No pierde por supuesto Mourinho, que ya sabe de qué va la vaina y no creo que esté por la labor de desgastarse ni medio segundo más con esta historia. Ni pierde tampoco el jugador, que es un futbolista profesional de éxito, rico y famoso, y se encuentra por lo tanto en una situación tan sumamente privilegiada como para permitirse el lujo de tirarle en público de las orejas a su superior inmediato sin que ello acarree ningún tipo de consecuencia. Ni pierde Mourinho ni pierde Ramos, pierde el Real Madrid, brillantemente clasificado para la final de Copa y para cuartos de Champions.

Hay una escena en Snatch en la que el guardaespaldas de un mafioso al que apodan Ladrillo, un tipo sin escrúpulos que te pega un tiro y sigue desayunando, se dirige de repente a su jefe diciéndole lo siguiente: "He pensado que"... El gángster no le deja acabar la frase y le corta tajante: "Siempre te he dicho que pensar te traería problemas". Claro que un club de fútbol no puede regirse como una organización mafiosa, no estoy diciendo eso, ni un vestuario debe ser tampoco controlado manu militari, entre otras cosas porque estamos hablando de trabajadores demasiado especiales. No está en cuestión el derecho de Ramos a expresar libremente su opinión porque ése está ampliamente recogido en nuestra Constitución; no se trata de eso sino de la oportunidad, o inoportunidad en este caso, de unas declaraciones que no conducen a nada bueno.

Entre mantener la boca cerrada o autoproclamarse en Dan Defensor de los derechos de unos profesionales que ganan millones de euros Ramos ha optado por esto último. Él sabrá. Ramos, que ha criticado otras veces a Mourinho por su falta de tacto al hablar de sus jugadores en público y ha apelado a renglón seguido a un código no escrito según el cual los trapos sucios deben lavarse en casa, hizo ayer exactamente lo mismo que afeó en su día al entrenador, que como decía anteriormente sólo tiene la Copa y la Champions entre ceja y ceja y no va a perder ni medio segundo de su valiosísimo tiempo en este tipo de batallitas. Si Mou se equivocó antes, Ramos se equivoca ahora. Costacurta decía el otro día que él no tenía amigos en el vestuario del Milan pero que cuando Sacchi decía "por ahí", desde el primero hasta el último de los jugadores iban por donde decía el entrenador. Que Ramos opine lo que le dé la gana pero que luego haga sobre el campo exactamente lo que le ordene su entrenador. Seguro que así no habrá problemas.

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