El penúltimo raulista vivo

Ramón Calderón, un jarrón chino de la dinastía Mong

Como los del Gobierno de la nación, los ex presidentes de un club tan grande como el Real Madrid tendrían que ser como esos "grandes jarrones chinos en apartamenos pequeños, que nadie se atreve a tirar a la basura por precaución" a los que hacía referencia Felipe González, deberían saber apartarse a tiempo. Claro que, como todo en la vida, hay jarrones chinos... y jarrones chinos. Los hay de la dinastía Ming, valiosísimos y carísimos, y jarrones de la dinastía Mong, de baratillo y que uno puede encontrarse en las tiendas de todo a cien. Don Luis de Carlos, por ejemplo, fue un jarrón de la dinastía Ming. También fue de la dinastía Ming el ex presidente Lorenzo Sanz, que aunque no lo hizo todo bien ganó dos Copas de Europa: podría haber asomado más la cresta y no lo hizo. Mientras fue ex presidente, Florentino Pérez también fue un Ming. Pero Ramón Calderón, que fue un desastre bíblico y cuyo mal recuerdo perdurará por los siglos de los siglos en los pasillos del club, es clarísimamente un jarrón de la dinastía Mong.

Es curioso pero a Calderón, digo yo que por puro desconocimiento, sólo le prestan atención fuera de España. Supongo que los medios extranjeros acuden a la Wikipedia y se limitan a buscar al antecesor de Florentino Pérez, que es Ramón, sin investigar nada más. Y como buen Mong, como buen jarrón chino de baratillo, Calderón habla fuera (porque aquí dentro no le hace caso casi nadie salvo RAC 1, que habrá incluso quien considere que es también una emisora foránea) para poner habitualmente a caldo al club que tanto dice querer, que en teoría es el Real Madrid. En el diario As, por ejemplo, sí recogen las declaraciones de Mong por muy estrafalarias que sean: si el periódico de PRISA hubiera prestado tanta atención a la gestión del presidente Calderón como a las declaraciones de Ramón Mong no habría durado ni dos días en el cargo, pero a lo mejor era más sencillo mirar hacia otro lado.

Lo último de Ramón Mong Calderón es decir que José Mourinho se fue del Real Madrid porque no aguantó la presión y que dejó el club hecho unos auténticos zorros. Que la BBC recurra a Calderón para analizar el paso de Mourinho por el Madrid es como si a mí me llamaran mañana del Financial Times para preguntarme sobre la evolución de Akamai Tech en el índice Nasdaq, algo surrealista. Mourinho, claro, no se fue por la presión, con la que convive hace años, sino por el trato vejatorio de una parte del periodismo deportivo, y destacadamente del diario As que hoy recoge las declaraciones de Calderón como si de las sentencias del Oráculo de Dódona se tratara. La presión que no aguantó el Real Madrid fue la de la gestión errática y claramente mejorable del propio Calderón, una gestión que obligó a regresar a Florentino Pérez al club y que hoy, gracias a Dios, transcurridos los años, se ha convertido en un mal sueño, una pesadilla. Entonces, por cierto, cuando aquí saltaban chispas, no llamó preguntando ni la B, ni la otra B ni la C. Y no me refiero, claro, a Bale, Benzema y Cristiano.

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