El penúltimo raulista vivo

¿Quién cree aún en los duendecillos verdes del bosque?

Así se las ponían a Fernando VII. Si a Guardiola le preguntan por la posibilidad de que el Real Madrid-Barcelona sea dirigido por un portugués, Pedro Proença, y el entrenador culé sale diciendo que en ese caso Mourinho estará "felicísimo", y al final resulta no sólo que la "noticia" de Radio Renaxeinça es el timo de la estampita sino que la UEFA designa para el encuentro a un fan de Leo Messi, el alemán Wolfang Stark, es absolutamente normal que el As, por ejemplo, hable hoy de Guardiolato. Y ahora queda, por supuesto, esperar al movimiento que al respecto haga Mourinho. Siempre he creído que el debate arbitral, y más aún en un partido de estas características, lo ensucia todo y tiene como único objetivo desacreditar la victoria del rival y racionalizar el propio fracaso. Que se lo pregunten al Real Madrid, que lleva aguantando medio siglo comentarios sibilinos procedentes de la ciudad condal.

Durante un tiempo traté de quedarme al margen, más que nada porque siempre he pensado que nada de esto, empezando por quienes nos ganamos la vida escribiendo o hablando de fútbol, tendría el más mínimo sentido si los árbitros recibieran realmente instrucciones y todo estuviera amañado; pero hubo un momento, coincidente precisamente con la primera etapa de Florentino Pérez en la presidencia del club, que las insinuaciones, las informaciones sesgadas, los rumores malintencionados y las medias verdades volvieron a cebarse con el Real Madrid, y ahí sí salté y exigí que Valdano, Butragueño o quien puñetas fuera saliera a defender a la institución que les pagaba. F.P. prefirió poner la otra mejilla y no entrar al trapo rojo, y así le fue.

Esto es como en el chiste: "¿Y tú a tu edad todavía crees en los duendecillos verdes del bosque?"... Hay quien sí cree. Yo no. Yo creo que, llegados a un punto determinado, todo el mundo se enfanga hasta la cintura si cree que con eso puede sacar una ventaja por mínima que ésta sea. Eso es lo que hizo el sábado Guardiola, puesto por primera vez en mucho tiempo en la tesitura de tener que pensar que es posible que caiga eliminado. Y eso es lo que hizo Valdés, metiendo de entrada presión al árbitro del partido de ida. Particularmente estoy plenamente convencido de que el sábado vimos al auténtico Guardiola y que el otro, el del triplete, el del éxito incontestable, el de la loa permanente, es más falso que una moneda de tres euros. Si queda, sin embargo, quien a su edad sigue creyendo en los duendecillos: Iniesta, nuestro héroe del Mundial, dijo ayer que su entrenador no busca excusas cuando pierde. El chaval erró por dos centímetros.

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