El penúltimo raulista vivo

¿Que no es un deporte el boxeo?... Ja, ja y ja

Más de bocazas. No sé si ustedes recuerdan que Ricardo Mayorga llamó "chica de oro" a Óscar de la Hoya, a quien todo el mundo conoce mundialmente como golden boy, en la presentación del combate que ambos púgiles disputaron el pasado 6 de mayo; luego le dijo que era un payaso y prometió que le desprendería la retina. Poesía eres tú, Mayorga, poesía eres tú. Pero este tipo de piques verbales resultan habituales en el mundo del boxeo y, aunque forman parte extraoficial del espectáculo, uno también tiene que saber hacerlos. Mohamed Ali, por ejemplo, era un verdadero artista.

Tengo una fotografía de la presentación de aquella pelea en el MGM de Las Vegas y en ella se ve claramente a Mayorga mostrándole al público un top de mujer de color negro, con percha y todo, en el que puede leerse claramente "the golden girl" con letras rosa pálido. A dos metros escasos, De la Hoya se ríe a mandíbula batiente con la gracieta de su adversario. Al final el angelino declararía que, aunque él no le daba ninguna importancia a lo dicho por Mayorga, se veía en la obligación moral de partirle la cara sólo porque se lo había pedido su mujer. La pelea duró un cuarto de hora y Oscar de la Hoya, a la postre campeón mundial superwelter del WBC, se embolsó 13 millones de euros, o lo que es lo mismo 360.000 por cada uno de los minutos que pasó encima del ring. Lo de "chico de oro" iba en serio.

Perdonen que continúe mi particular cruzada, apoyada por mi buen amigo Jaime Ugarte, contra todos aquellos meapilas que afirman que el boxeo no es un deporte, pero es que resulta realmente tronchante. La entrada más cara para ver en directo el De la Hoya-Mayorga valía 1.000 euros en taquilla. Únicamente la final del Mundial de Alemania, que valía 600, se le podía acercar un poco. Presenciar, por ejemplo, la final de la Super Bowl puede costar 500 euros. Y la Super Bowl paraliza los Estados Unidos. Literalmente. Un país paralizado. De la Hoya, que además de boxeador es productor musical y cantante, ganó 12 millones de dólares por "bailar" con Julio César Chávez, el "león de Culiacán". Y otros 5 por enfrentarse a Patrick Charpentier. En el famoso combate en el que Mike Tyson le mordió la oreja a Evander Holyfield, el primero se hizo con una bolsa de 25 millones de dólares. Y eso que la pelea no pasó del tercer asalto. Lennox Lewis, por ejemplo, ganó 27 millones de dólares en el año 2003 por derrotar a Vladimir Klitschko. Luego le ofrecieron 35 millones más por la revancha pero los rechazó.

Me adelanto a los meapilas. ¿Demuestran algo estos datos? Sólo una cosa: el boxeo es el deporte por el que la gente de la calle está dispuesta a pagar más dinero, muy por encima del fútbol, la Fórmula Uno o el fútbol americano. Y los boxeadores son, con diferencia, los deportistas profesionales más cotizados del mundo. En 2003 Tyson tumbó a Clifford Etienne en 49 segundos y ganó 4,2 millones de dólares. Dicen que hubo aficionados que no tuvieron tiempo de ocupar su asiento. Pagaron una pasta, se dirigieron a su localidad, Tyson tumbó a Etienne, recogieron y se fueron. La vida es así.

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