El penúltimo raulista vivo

Que hablen Rosell y Urrutia o que callen para siempre

Para esto querían la final de Copa en Madrid y más concretamente en el estadio Santiago Bernabéu. Por eso tanto empeño en que el Barcelona-Athletic del viernes que viene se disputara en el campo del Real Madrid. La capital de España como caja de resonancia de las veleidades independentistas. La utilización politiquera más repugnante de un evento deportivo del máximo nivel con el objetivo de salir en la foto. Vaya por delante que un país como el nuestro que consiente que la madre de Sandra Palo, violada en repetidas ocasiones y posteriormente atropellada y quemada viva, tenga que ir por ahí mendigando justicia, tiene las tragaderas lo suficientemente anchas como para consentir que se le enseñe el culo al Rey o que se pite al Príncipe y se haga mofa del himno nacional y la bandera.

Nada pasará si, tal y como parecen haber pedido algunos partidos nacionalistas, un partido de fútbol es utilizado para ridiculizar al heredero de la Corona, del mismo modo que nada sucedió cuando se faltó gravemente al respeto a su padre y aquella imagen dio varias veces la vuelta al mundo. No politiza, claro, quien critica que se insulte al Rey Juan Carlos sino quien, excluyendo a la mayoría de aficionados que no comparten en absoluto las fantasías independentistas, emplea un Barcelona-Athletic como palanca de sus reivindicaciones. De ahí que el spot que estos días ha hecho circular la fundación DENAES, y que comparto desde el minuto uno hasta el final, tenga tanto valor en un momento como el actual en el que todo parece darle igual a todo el mundo y en el que lo mismo dan ocho que ochenta.

Yo estoy con Esperanza Aguirre: si Bruce Springsteen no decide dar por sorpresa un concierto en el estadio Vicente Calderón de aquí a mañana, que esa es otra, y el partido se juega tal y como estaba previsto el viernes que viene, habría que suspenderlo si volvieran a pitarse el himno nacional y a arrastrarse por el suelo la bandera de España. Y que conste en acta que a mí El Mundo no me descubre absolutamente nada nuevo, pero me parecería bochornoso que dejáramos en manos de los más tontos de la clase un espectáculo como éste. Y ahora que venga Toni Freixa a preguntarnos si nos constan o no las obras del Bernabéu: haberlas haylas y, de no haberlas, habrían tenido que inventarlas. Que hablen Rosell y Urrutia. Que digan qué les parece que su partido vaya a ser empleado en estas cosas por los mismos de siempre. Que hablen o que callen para siempre.

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