El penúltimo raulista vivo

Que el Español llame a Mourinho

No he querido, aunque me lo han solicitado insistentemente, dar mi opinión sobre el espectáculo ofrecido por el Fútbol Club Barcelona en la Supercopa catalana, competición que debía disputar contra el Español y para la que el club "periquito" se había preparado con especial dedicación y variando incluso, según me dicen, su planificación de pretemporada. Es cierto que el Barça no tiene nada que ganar en esas competiciones mientras que para el Español una victoria supone un fenomenal acicate moral para arrancar el curso futbolístico; pero no lo es menos que la Copa Cataluña, que debido a la actitud culé también se vio obligada a suspender la federación de fútbol catalana, debería tener un significado especial para una institución que presume históricamente de ser "más que un club", y no precisamente por sus victorias en el handbol, como solía decir José Luis Núñéz para no pronunciar balonmano.

El caso es que hoy tenía que jugarse la Supercopa de Cataluña y al final no va a ser así. No se va a jugar porque la directiva azulgrana amenazó con presentarse al partido con el filial, esgrimiendo en su defensa para adoptar dicha decisión lo apretado del calendario pero faltando gravemente al respeto al Español, acostumbrado por otro lado al ninguneo constante, que sí estaba preparando a conciencia ese encuentro. Supongo que era bastante ingenuo pensar que si el Barcelona controla bastante bien la federación que preside el vasco Angel María Villar no iba a suceder lo propio con la que dirige el catalán Andreu Subies i Forcada. Es rotundamente falso que el Barcelona haya dado marcha atrás, más bien al contrario; quien da marcha atrás, como está mandado, es la FCF proponiendo una nueva fecha, el 26 de septiembre, para un partido que estaba programado para dos meses antes y, en su comunicado oficial, el Barça dice que jugará ese día con "el mejor equipo disponible que decidan sus técnicos". Chufla, chufla...

A mí, para qué les voy yo a engañar a ustedes a estas alturas del encuentro, la Supercopa de Cataluña me importa más bien poco. El 26 de septiembre a la hora del partido tengo dentista. Con esto quiero decir que si no suelo seguir con interés lo sucedido en la Copa Cataluña, menos aún lo acontecido en la Supercopa. Lo que me llama la atención de todo esto es que alguien pueda interpretar que, aceptando jugar en una fecha que no era la inicialmente acordada, variando por el artículo 33 los planes de trabajo del otro equipo implicado y dejando entrever que ese día saltará al terreno de juego más o menos en las mismas condiciones anunciadas previamente y que provocaron la suspensión del partido, alguien tenga la osadía de pensar que el Barcelona ha rectificado su postura. No me pregunto en qué situación queda el señor Subies i Forcada porque esa ya me la imagino; me pregunto en qué situación queda ahora el Español y qué piensa hacer su junta directiva. ¿Cederá al chantaje? ¿Aceptará el trágala?... De Rosell, Freixa y compañía no puedo esperar más porque ya me lo han dado todo. Sólo espero que el Español se defienda. Y si no lo hace Pochettino que llamen a Mourinho.

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