El penúltimo raulista vivo

Príncipe y mendigo

Al gran Carlos Santillana, protagonista esencial de tantas y tantas gestas deportivas acaecidas en el estadio Santiago Bernabéu, le sonrojaba en la víspera del partido de vuelta de la Copa del Rey contra el Alcorcón que alguien pudiera hablar de remontadas o se volviera a recurrir al espíritu de su viejo compadre Juan Gómez "Juanito". Yo también sentí esa vergüenza. Si el Madrid de aquella época remontaba marcadores imposibles en su casa era, primero, porque en la ida no había sido capaz de hacer los deberes y en segundo lugar porque todos (los jugadores, el entrenador y por supuesto la afición) marchaban unidos y en comunión en pos de algo que pensaban que les pertenecía. Juanito era la guinda de aquel enorme pastel que hizo temblar a algunos de los clubes europeos más prestigiosos e importantes. 80.000 aficionados llenaron anoche el estadio Santiago Bernabéu al olor de la sangre deportiva de Juanma, Borja, Iñigo o Béjar, pero ni hubo remontada, ni se produjo tampoco la comunión, ni los actuales poseedores de esa camiseta transmitieron nada, ni apareció por allí ningún espíritu salvo el de la golosina.

¿Es posible que Manuel Pellegrini no sepa a qué club está entrenando?... Sinceramente creo que no es posible. Pellegrini es un hombre culto, informado, un entrenador que está en este mundo y que sabe que ahora mismo se encuentra en la cima de su carrera profesional. Pellegrini tiene que conocer que el 99,9% de sus colegas de profesión lo darían todo por cambiarse por él y sentarse donde él se sienta. Me parece imposible que Pellegrini no sepa que está entrenando al Real Madrid Club de Fútbol y, pese a ello, las insistentes señales que manda el chileno van justo en la dirección contraria, la del desconocimiento total y absoluto de la historia del club, lo que exigen sus aficionados y lo que se requiere de los jugadores: el cambio de Lass define a la perfección esto que estoy diciendo. Siendo ya de por sí vergonzoso el hecho de tener que recurrir a la épica para remontarle una eliminatoria a un equipo de Segunda B, uno esperaba del máximo responsable técnico del Madrid encendidas y apasionadas frases del tipo de "la victoria pertenece al más perseverante" (Napoleón Bonaparte) o "para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios", (Simón Bolívar) y sin embargo lo único que se le ocurrió decir fue que no podían marcar el segundo gol antes que el primero.

La eliminatoria la perdió probablemente allí el Madrid y entonces dije que aquello no era una cuestión del entrenador sino de los jugadores que estaban ese día sobre el campo y que no supieron reaccionar. Pero ayer Pellegrini tiró la Copa por la borda alinenando juntos y para la misma cosa a Diarrá y Gago, ninguneando a Granero (al final vamos a tener que dividir a la plantilla en dos: los que tienen que pedirle perdón al entrenador y los que no) y dejando fuera de la lista a Benzemá, fichado a golpe de talonario como el goleador del futuro. El cambio de Lass, de nuevo el mejor en una posición que no es la suya, resultó desconcertante y acabó por indignar a la parroquia merengue que ya no tragará a Manuel Luis por mucho que haga. Si pudiera haría un experimento: me gustaría colocar a Juan Antonio Anquela en el sitio de Pellegrini y sentar a Pellegrini en el banquillo del Alcorcón. Sólo por curiosidad. Sé que es imposible pero me gustaría saber qué pasaría hasta el final del campeonato con este cambio. Como en la novela de Mark Twain. Príncipe y mendigo con los papeles cambiados. A lo mejor regresaba el espíritu de Juanito, quién sabe. Cosas más difíciles se han visto como, por ejemplo, que el Alcorcón le meta cuatro al Real Madrid.
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