El penúltimo raulista vivo

Primero, don Alfredo; después, Cristiano

Bajo el título de La verdad escondida de la marcha de Cristiano Ronaldo, Esteban Urreiztieta y Orfeo Suárez relataban en el diario El Mundo el cómo y el por qué del adiós del mejor futbolista del planeta y segundo jugador más importante de la historia del Real Madrid. Del minucioso relato de lo sucedido, tan bien escrito que te hace vivirlo desde dentro, no me ha llamado la atención aquello que tiene que ver con el enjambre fiscal, motivo principal de la marcha de CR7, sino otro motivo, un motivo más personal, más moral. Porque del asunto económico, que no cariñoso, puesto que Cristiano siempre tuvo todo el cariño del mundo, ya teníamos noticias: el delantero portugués pretendió que Florentino Pérez fuera José María Bartomeu y el Real Madrid fuera el Barça y se comportasen con él como el presidente del club catalán lo hizo con Messi. Pero se equivocó la paloma, se equivocaba; por ir al norte fue al sur y creyó que el trigo era agua.

Del motivo apuntado por El Mundo del que yo quiero dar cuenta hoy aquí es del personal, del emocional, y que debo reconocer que me ha pillado absolutamente en fuera de juego. Y es que Esteban y Orfeo cuentan que a Cristiano le molestaba que el club le colocase por detrás de don Alfredo di Stéfano, hasta el punto de que llegó a comentar que ya no sabía qué tenía que hacer para estar a su altura, cuando no por encima. Doy por hecho que todo lo que tiene que ver con Cristiano será malinterpretado pero, como me conozco mejor que nadie, también doy por supuesto que, malas interpretaciones al margen, yo seguiré opinando con libertad y con respeto sobre lo que considere oportuno. Es tanto el respeto que le tengo a Cristiano que sigo pensando que es el mejor futbolista del mundo, pero faltaría al respeto a la historia y, sobre todo, al mejor futbolista de todos los tiempos si yo no dijera hoy aquí que Di Stéfano siempre estará un escalón por encima de Cristiano, cuestión ésta que no es ningún desdoro para mi admirado CR7 puesto que los mejores de la historia están dos escalones por debajo de él.

Pero es que esa inquietud de Cristiano no tenía sentido. Si yo tuviera hoy aquí a Cristiano le diría: "Mira, Cristiano, tú no podías hacer nada para estar a la misma altura de Di Stéfano, nada. Ganaste en el Madrid muchas menos Ligas que él y también menos Copas de Europa pero, aún en el caso de que hubieras conquistado más, tampoco estarías a su altura. Mira, Cristiano, este jueves se cumplieron 64 años del debut oficial de Di Stéfano con el Madrid, en partido liguero contra el Racing de Santander; cuando don Alfredo llegó aquí, el Real era un equipo de fútbol, cuando se fue era el mejor club deportivo de la historia. Si tú quisiste venir del United al Real Madrid fue precisamente porque pensaste que estabas dando varios pasos hacia adelante en tu carrera profesional, y eso fue así gracias a Di Stéfano. Es más, si el Real Madrid pudo desembolsar por ti los 96 millones de euros del año 2009 exigidos por el club inglés fue también gracias a Di Stéfano". Todo eso le diría a Cristiano.

La comparación con Di Stéfano es precisamente la única que no resiste Cristiano. A Cristiano puede echársele a pelear con Pelé, con Cruyff, con Messi, con Maradona, con Zidane, con Best, cada uno de ellos, por supuesto, con su estilo, pero La Saeta es inalcanzable. Encajo ese comentario de Cristiano dentro de una compleja personalidad, la de un grande del deporte mundial, pero no tiene demasiado sentido. Y aún menos sentido histórico tiene que dicha comparación, que ya digo que resulta odiosa, proceda de aficionados madridistas. Quien, desde dentro del Real Madrid, contribuye a alimentar la comparación lo hace, desde mi punto de vista, desde el desconocimiento total y absoluto de su propia historia, de la historia de un equipo de fútbol que, gracias a un solo jugador, pasó de ser uno más a convertirse en el más grande club deportivo de la historia. Dejémoslo ahí. Reconocimiento a Cristiano, todo el del mundo. Tergiversación de la historia, ninguna. Como Lancey Howard le dice a Cincinnati Kid, "eres muy bueno... pero yo sigo siendo el mejor". Tú, Cristiano, has sido el segundo mejor jugador de la historia del Real Madrid, no pretendas volar tan cerca del sol.

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