El penúltimo raulista vivo

Price, Ringling, Cirque du Soleil...

No puedo quitarle la razón a Joan Laporta cuando asegura que se ha montado un circo alrededor del Fútbol Club Barcelona; sin embargo nadie podrá decir jamás que para levantar la carpa de este circo haya contribuido ni uno sólo de los operarios del Real Madrid, más bien al contrario, mientras que el barcelonismo tiene un amplísimo historial de contrataciones de acróbatas, contorsionistas, forzudos, hombres bala, trapecistas, tragasables, volatineros, titiriteros y, por supuesto, payasos. Este Price es el heredero del que en su día, allá por enero del año 1980, organizó el Barcelona con la constitución de la Asociación Nacional de Arbitros de Fútbol Españoles, la famosa ANAFE, a cuenta del presunto favoritismo de José Plaza Pedraz hacia el Real Madrid. Nicolás Casaus llegó a decir por aquel entonces que los árbitros estaban divididos "entre asociados e hijos de Plaza". Antes, Agustín Montal, que pasaba por moderado, pidió la cabeza de Plaza en bandeja de plata porque a Ricardo Melero se le había ocurrido la osadía de expulsar a Johan Cruyff.

Del Price, José Luis Núñez pasó directamente al Ringling. El Real Madrid, nuevamente indefenso ante la agresividad de un presidente culé, se vio en la obligación de declararle "persona non grata" después de que saliera diciendo que el Barcelona no tendría nunca en su plantilla a un jugador que fuera por ahí embarazando a las señoras, en clarísima referencia a Juanito. Así de bien se explicaba aquel caballero del fútbol español, europeo y mundial: "Yo, que hice las paces con De Carlos ante Tarradellas para defender los intereses del fútbol en general, vi luego desde el palco cómo un árbitro, Manuel Fandos, nos robaba el partido ante el Real Madrid, al no señalar todavía con el 0-0 en el marcador un clarísimo penalti de García Remón a Serrat". Por unas declaraciones similares a aquellas, el Comité de Competición castigó a Alfonso Cabeza con dieciséis meses de suspensión, pero Núñez escapó sin mancha. Luego volvería a la carga al afirmar que al Sporting le habían robado la Liga dos años consecutivos. Por supuesto que el ladrón no era otro que el Real Madrid.

Y del Ringling, Joan Gaspart evolucionó hasta el Cirque du Soleil el día que Losantos Omar le anuló un gol legal a Rivaldo en el estadio Santiago Bernabéu cuando el partido iba empatado a dos. Se habló del robo a 108.000 aficionados, de la manipulación de la Liga y de una conspiración para impedir que el Barcelona fuera campeón; Rivaldo, el futbolista afectado, llegó a hablar de la existencia de intereses para que el Real Madrid se hiciera con el título. Y son sólo algunos ejemplos que he rescatado de la hemeroteca sin tener que ponerme a bucear demasiado. Este circo actual es heredero directo de aquellos otros circos que el Barcelona institucional y popular se dedicó a levantar falsariamente con el único objeto de justificar sus propios errores. Y ahora, cuando el Barcelona borda el fútbol y las cosas marchan bien en la ciudad condal, la gente de Madrid exige también su carnaza. No puedo justificarlo aunque sí comprenderlo: son demasiados años aguantando a estos Tonetti.
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