El penúltimo raulista vivo

Prejuicios y un Airbus 340 con las alas abiertas

Sin ahondar demasiado en nacionalidades, Mourinho nos acaba de sacar los colores a los periodistas deportivos diciéndonos que al acusarle de ser un entrenador defensivo nos estamos prostituyendo intelectualmente hablando. Y pone un ejemplo: él nunca escondió que en el partido de vuelta de Champions League contra el Barcelona pusiera un autobús ("un autobús no, un Airbus 340 con las alas abiertas") alrededor de Julio César, pero le molesta sobremanera que no se explicaran las circunstancias de aquel partido, de ahí que a renglón seguido añada que en el partido de ida pudieron meterle cinco al Barça. No me daré por aludido en esa crítica concreta porque sí expliqué los motivos que tuvo el Inter de Milán para jugar del modo que lo hizo en el Camp Nou, aunque, ya que soy periodista y me dedico a la información deportiva, por supuesto que no me puedo quedar al margen de lo que dice el nuevo técnico merengue.

Naturalmente que los periodistas tenemos nuestros prejuicios a la hora de hablar de tal o cual protagonista. Vaya por delante una confesión de parte: puesto que había defendido con ardor guerrero su contratación por el Real Madrid, servidor hubo de vencer sus prejuicios para poder criticar a Schuster; lo cierto y verdad es que, profesionalmente hablando, (y ha habido quien lo ha empleado como arma arrojadiza contra mí en el blog con verdadera saña), no parecía demasiado coherente el hecho de ponerme a darle palos como si no costara a Bernardo cuando un año y medio antes había sido uno de sus abanderados. Anda por Babia quien crea que los periodistas no pensamos en esas cosas cuando nos ponemos delante del ordenador, por supuesto que las pensamos. En el caso de Schuster las sopesé y preferí decir lo que tenía que decir aún a riesgo de dejar un flanco débil en mi argumentación. La situación había cambiado. O me había equivocado, así de simple. Y mucho después, cuando el alemán reconoció que al Madrid no querían venir los técnicos de primer nivel mundial y tenía que conformarse con los Schusters, los Pellegrinis y los Luxemburgos, caí en la cuenta de que el entrenador Schuster sería mucho más pequeño de lo que fue el futbolista Schuster. Yo confié más en él que él mismo.
 
Otro caso: cuando Capello llegó por primera vez al Madrid pensé que Lorenzo Sanz había hecho el fichaje del siglo, y fue precisamente a partir de que Fabio dejara colgado al club cuando cambió totalmente mi forma de enjuiciar al personaje. En lo que a mí respecta, las cosas comenzaron torcidas cuando se hizo cargo del equipo en su segunda etapa porque en el fondo seguía sin perdonarle que se hubiera despedido del Madrid a la francesa en el pasado. En mi defensa sí he de decir que sigo creyendo firmemente que el Real de Capello no jugó un pimiento e hizo (este sí) un fútbol ultradefensivo que aburrió a las ovejas, aunque al final lograra el campeonato. Schuster me caía simpático y sinceramente pensaba que con él sentado en el banquillo el Real Madrid jugaría brillantemente al fútbol y ganaría títulos, pero al final elegí aparcar mis prejuicios positivos hacia él y decir lo que yo creía que había que decir. En el caso de Capello debo reconocer que guardaba de él un mal recuerdo desde los 90: su equipo de hace tres años jugó mal pero ganó una Liga muy emocionante, y eso es justo reconocérselo. Espero no volver a cometer los mismos errores con José Mourinho, aunque no prometo nada porque a veces los periodistas también nos vemos obligados a desplegar las alas de nuestro Airbus.
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