El penúltimo raulista vivo

Postres y snacks

Comprendo que Wenger dijera tantas veces que no a un club que tiene unos aficionados que celebran más los fichajes que los títulos. El, sin embargo, no puede celebrar ni una cosa ni la otra porque lleva cinco años sin rascar bola en el Arsenal. Allí, en la Premier, tiene tooodo el tiempo del mundo para fichar, desfichar, planificar, trabajar con los chavales y dedicarse a pensar en frases pretendidamente inteligentes para poder aplicárselas a los demás; dará igual lo que haga puesto que la fama de entrenador competente y amante del buen fútbol del francés se ha convertido en un mantra repetido de norte a sur y de este a oeste. Aquí sin embargo, en el Real Madrid, le exigirían ganar desde el minuto siguiente a la firma de su contrato y eso resulta bastante más incómodo que dedicarse a predicar por todo el mundo cómo se juega bien y cómo se planifica un club serio y cómo no.

Otra frase de Wenger que me hizo mucha gracia fue cuando dijo que los fichajes de Florentino Pérez no acabarían jamás con la imprevisibilidad del fútbol... ¡Caray, qué bonito!... ¡Ni más ni menos que la imprevisibilidad!... Y no puedo por más que volver a darle toda la razón. Para mí, que no tengo ni de lejos los conocimientos del profesor Wenger, era absolutamente imprevisible que un equipo como el Arsenal que juega tan maravillosamente bien al fútbol, que lo planifica todo tanto y que estudia a sus rivales de una forma tan escrupulosa recibiera semejante tunda por parte del Fútbol Club Barcelona. No entraré en más detalles porque todo el mundo pudo verlo anoche, sólo añadiré que si el martes, en el transcurso del tercer partido de la Euroliga entre el Real Madrid y el Barcelona, tuve la sensación de que se enfrentaban Heidi y Alien, ayer creí que estaban jugando once Calimeros contra los chicos del teniente Aldo Raine.

En realidad no hace tanto tiempo que un club tan desorganizado como el Real Madrid celebró algo más que sus nuevos fichajes. Hace ocho años, una Copa de Europa, una Supercopa y una Intercontinental, hace tres una Liga y hace un par de años otra Liga y una Supercopa de España. Es cierto que el Barcelona arrasó con todo y a todos el año pasado, (con todo y a todos sin excepción) y que el Madrid ha sufrido el batacazo de la Copa y de la Champions, pero no es menos cierto que este club desnortado y sin la precisión matemática que podría otorgarle la brillante mano de un relojero estrasburgués, va primero de una Liga en la que casualmente compite el equipo que vapuleó ayer sin misericordia al dirigido por el sabio francés. Como a mí también me gustan mucho las frases ingeniosas, a ver qué le parece esta al maestro Wenger: "si Guardiola empezó por el postre, usted lleva un lustro sin pasar de los snacks". Que no te exijan nunca ganar nada debe resultar comodísimo, pero un pelín aburrido, ¿no?...
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