El penúltimo raulista vivo

Por qué no leo a Capello

No sé cómo decir lo que quiero decir sin que se piense de mí que soy un petulante, un chulo, un orgulloso y un soberbio, todo a la vez y en grado superlativo. Bien pensado, podría callármelo y así nadie pensaría que soy un tontillo con ínfulas de intelectual, una estrellita en ciernes, pero no me parece que esa vaya a ser una buena idea, la verdad. Yo aquí he venido a decir lo que pienso, de lo contrario me quedaría en mi casa tan ricamente. Prefiero que alguien crea que soy un petulante, un chulo, un orgulloso y un soberbio antes que callarme. Que nadie crea que voy a destapar un nuevo Watergate, nada más lejos de la realidad; el asunto es bastante más simple que eso y consiste en lo siguiente: tengo por norma no perder jamás el tiempo leyendo a ex futbolistas, ex entrenadores o ex árbitros. ¿Por qué?... Porque no puedo creerme que lo que aparece escrito en tal o cual periódico lo escriban ellos mismos y nadie podrá quitarme de la cabeza que lo hace un "negro" de la redacción que ponen a su servicio o alguien del entorno del abajo firmante con ciertas dotes literarias. Tengo para mí que el ex futbolista sólo pone el nombre y a veces la idea, que suele ser una idea muy general y abstracta, mientras que el periodista "negro" traslada la idea del "ex" al papel y sigue adelante con su vida de "negro periodístico" a la espera de dar el salto en el futuro y firmar con su propio nombre. Sé muy bien de lo que hablo porque yo fui también el "negro" de otro.

Por supuesto que el "negro" en cuestión nunca suele ser el director del periódico, ni el subdirector, ni siquiera uno de los redactores jefe o una de las firmas destacadas sino, en la mayoría de los casos, el último en llegar, lo que todos conocemos en el argot popular como el último mono. Se puede dar el caso de que el último mono sea un genio, un nuevo Franz Kafka o algo así, pero esa posibilidad es estadísticamente despreciable, de ahí que nunca pierda el tiempo leyendo a ex futbolistas, ex entrenadores o ex árbitros. Otra cosa bien distinta sería que a mí me dieran alguna garantía por escrito de que los artículos de este goleador retirado o aquel árbitro graciosete los iba a escribir, por poner sólo un ejemplo, Eduardo Mendoza, pero Mendoza jamás se prestaría a ese juego puesto que para algo es el puñetero Mendoza y ha ganado, entre otros, el Premio de la Crítica, el Premio Ciudad de Barcelona, el Premio al Mejor Libro del Año de la revista Lire y fue finalista del Premio Grinzane Cavour; además, en el hipotético caso de que Mendoza aceptara un ofrecimiento como ese y supiéramos desde el principio que él era él aunque con el nombre y la foto de un entrenador "in", dejaría de ser inmediatamente un "negro" y pasaríamos a leer directamente sus artículos en vez de andar perdiendo el tiempo leyendo algo de un entrenador de fútbol que no sabe escribir y, por si fuera poco, tampoco es que fuera la alegría de la huerta cuando ejercía su verdadera profesión.

Todo esto para decir que, por supuesto, no he leído el artículo de Capello en Marca acerca de que lo primero que le pidieron cuando llegó al club fue que cediera a Raúl. Me ha llegado la onda, eso sí, pero nada más. Si es cierto eso que Capello ha dicho y que luego probablemente haya escrito otro por él, deduzco que dijo que no a dicha posibilidad puesto que Raúl sigue jugando hoy en día en el Real Madrid y con él fue titular fijo. El motivo de que Capello salga ahora de su escondrijo vacacional, seis meses después de que le despidieran por triste, para decir semejante cosa, no puede ser otro que el de hacer daño al club y, por supuesto, al futbolista. En el caso de Fabio ya acumulo tres razones para no leerle: su fútbol aburría a las ovejas negras y también a las blancas, no me creo que el artículo lo haya escrito realmente él y sólo habla cuando le pagan por hacerlo. Con una bastaba, pero tres son multitud.

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