El penúltimo raulista vivo

Pongamos que hablo de Teixeira

Dejando a un lado los gritos de "¡asesino, asesino, asesino!" contra Pepe: vamos mejorando, ya no lanzan cabezas de cochinillo y botellas de whisky al campo... Dejando a un lado los cortes de manga que, según testigos presenciales, protagonizaron algunos periobarcelonistas del Sport tras los goles de su equipo... Dejando a un lado la lamentable actuación de Teixeira, siempre parcial y en todo momento superado por el clímax generado en la ciudad condal... Dejando a un lado todas esas circunstancias, en alguna de las cuales me pararé a continuación, lo cierto y verdad es que en la primera media hora de partido el Real Madrid le dio un auténtico baño de fútbol al Barcelona, un chaparrón de juego, quizás el primero que el equipo catalán sufre en la "etapa Guardiola".

Pero el Real Madrid, infiel a su bien merecida fama de aniquilador del área, falló lamentablemente todas las ocasiones que tuvo, y el Barcelona, que se rehizo en el último cuarto de hora de la primera mitad, se fue al descanso con un injustísimo e inmerecido 2-0. Pese a todo, pese al ambiente de decaimiento y debacle generado alrededor del equipo blanco especialmente en el transcurso de los últimos siete días, el equipo de Mourinho empató y, de no haber sido nuevamente por la actuación arbitral, podría haberse clasificado fácilmente para las semifinales de la Copa del Rey. Del mismo modo que algunos dan por bueno, que es mucho dar, que Mourinho falló el miércoles, será justo concluir que anoche acertó: ese es el camino; ojalá no se llegue tarde.

Y ahora pongamos que hablo un rato de Teixeira, de su forma peculiar de aplicar un reglamento que debería ser igual para todos, de su injustísimo reparto de las tarjetas, de su parcialidad, de su interpretación de cuándo hay que alargar el partido y cuándo acortarlo, del modo que tuvo de cargarse un partido y, por ende, una eliminatoria completa. Todo el mundo pudo ver el pisotón de Pepe a Messi, sí, y todo el mundo pudo comprobar qué ocurrió y cómo en el Camp Nou: sobran las palabras, aunque a más de uno le seguirán faltando con la única misión de tratar de justificar lo que no tiene justificación alguna. Que conste que no creo en las derrotas o las eliminaciones dulces, pero el empate de ayer nos dijo muchas cosas, y una de ellas es que José Mourinho es el hombre. Indiscutiblemente. La dirección es la correcta.

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