El penúltimo raulista vivo

Platos rotos

Que conste que ha sido Iker Casillas, y no yo o cualquier otro, quien ha seguido dándole carrete a las declaraciones de Sara Carbonero. Servidor desconoce cómo se puede ser un egoísta "en el buen sentido". Los tiempos cambian una barbaridad y lo mismo se ha quedado anticuado el texto pero, según el diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares que obra en mi poder, un egoísta es aquella persona "que tiene egoísmo", y el egoísmo no es más que el "inmoderado amor que uno tiene a sí mismo y que le hace ordenar todos sus actos al bien propio, sin cuidarse del de los demás". Insisto en que lo dicho por la colega de Tele 5 no pilló a nadie desprevenido el otro día y vuelvo a repetir que si las declaraciones han tenido tanto recorrido ha sido por el único hecho de que las realizó la pareja del capitán del Real Madrid, jugador que, obviamente, comparte vestuario con el aludido.

En los últimos días he oído hablar de machismo y de que la periodista tenía todo el derecho del mundo a dar su opinión, faltaría más; lo segundo no ha estado jamás en cuestión y, en cuanto a lo primero, eso no son más que paparruchas. Sara dijo lo que dijo y llamó lo que llamó a Cristiano, quizás sin pretenderlo, aunque repito que no comprendo la escandalera puesto que dio en el centro de la diana. Está tan de acuerdo el Bernabéu con lo que dijo la colega que el otro día sin ir más lejos se aplaudió atronadoramente un abrazito de nada entre el portugués e Higuaín, y a la salida del partido volvieron a preguntarle al delantero argentino por su relación con el 7. Yo estaba en el programa de Marca Televisión en el que Enrique Marqués, la persona menos machista del mundo, dijo una verdad como un templo y es que las declaraciones de la pareja del capitán del Real Madrid acerca de cualquier compañero de su novio podían ser malinterpretadas. Lo suscribo.

Es más, el capitán madridista va más allá y remarca que ese "egoísimo positivo" está siendo contagiado al resto de la plantilla. Punto final por mi parte a este asunto salvo que alguien salga mañana llamándome machista por haber dicho que Casillas nos ha tomado la cabellera. Hugo Sánchez, por poner un ejemplo que me viene a las mil maravillas, era otro auténtico depredador del área, jamás se caracterizó por pensar (sobre el campo, claro) en alguien que no fuera él mismo, y nunca oí decir a nadie que aquella forma suya de jugar perjudicara al equipo, todo lo contrario. Hugo, uno de los mejores 9 de los últimos treinta años, no era de abracitos y esas cosas e iba por libre dentro y fuera, pero el Real Madrid se benefició ampliamente de su "instinto criminal". Otra cosa es que la mujer de Butragueño le hubiera llamado egoísta, no sé sinceramente cuál habría sido la reacción del mejicano. O sí lo sé: platos rotos dentro del vestuario.

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