El penúltimo raulista vivo

Piqué, Alves y Suárez, la cordada de los valors

Lo que tres, treinta o treinta y tres borregos gritaron desde la grada de Cornellà-El Prat contra la mujer y el hijo de Gerard Piqué no tiene perdón de Dios; a esos descerebrados hay que echarlos a patadas de los campos de fútbol y, llegados al punto de violencia gratuita que exhiben, creo que debería intervenir la policía nacional: el deporte no puede convertirse en refugio para semejantes alimañas. Pero lo que hizo el defensa del Barça al burlarse de la afición del Espanyol no fue otra cosa que generalizar y, al colgar más tarde un vídeo con los insultos recibidos por un sector minoritario de dicha afición, justificó en realidad el menosprecio. Es, para que nos entendamos todos, como si para justificar el haberle metido el dedo en el ojo a Tito Vilanova, José Mourinho hubiera salido al día siguiente contando todos y cada uno de los insultos que recibió desde el banquillo culé; Mou ni lo hizo ni lo hará pero Piqué sí lo hace ahora, convirtiendo además el partido de vuelta de Copa en un encuentro de alto riesgo.

Entre unos y otros han creado un monstruito. Gerard Piqué se ha convertido en una bomba de racimo humana entre otras cosas porque sus entrenadores y su seleccionador le han mimado, le han protegido, le han malcriado. No me extrañaría que efectivamente la Comisión Antiviolencia le estuviera siguiendo la pista muy de cerca al niño rico del fútbol español; Piqué no piensa cambiar, las aficiones rivales tampoco, los seguidores españoles que la toman con él cuando viaja con España menos, y al final los responsables de esta escalada son Luis Enrique y Vicente del Bosque, que tendrían que ser más sensatos que él pero que una y otra vez, y otra más, se ponen de perfil y miran hacia otro lado cuando Macaulay Culkin hace una trastada. De Piqué a Alves, que nos llama "puta basura" a los periodistas deportivos y se queda tan ancho; sería interesante determinar en qué momento exacto perdió del todo la chaveta este chico pero la verdad es que últimamente se le ve como ido.

De Piqué, que insulta a la afición del Espanyol, a Alves, que nos insulta a los periodistas deportivos, y de éste a Luis Suárez, que solucionó mediante terapia su problema con los mordiscos pero que insulta gravemente a los jugadores rivales llamándoles "desecho" o preguntándoles qué han ganado ellos. El club no ha dicho nada del primero ni del tercero pero sí se ha distanciado, y ni más ni menos que a través de un comunicado oficial, del segundo, y eso debe ser porque José María Bartomeu interpreta que Alves no me está llamando "puta basura" a mí sino a Mundo Deportivo y a Sport, diarios a los que necesita y en los que se va a apoyar como si de un báculo se tratara en cuanto arranque el slalom gigante del "caso Neymar", que ya está a punto de nieve. ¿Y los valors? ¿Dónde quedan los valors? ¿Es este el modelo que se pretende exportar y del que se siente tan orgulloso Miquel Cardenall?... ¡Qué inmensa decepción!

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