El penúltimo raulista vivo

Pipas, chicles, caramelos... y más pipas

Futboleros informó anoche de que había jugadores del Real Madrid (desconozco si dos, seis, quince o la plantilla al completo) a quienes José Mourinho había vuelto a pillar en fuera de juego. El motivo no era otro que la meticulosidad y el esmero con los que el portugués estaba preparando los dos encuentros de Liga que le quedan al equipo y que no diferirían en absoluto de la dedicación con la que se ha empleado cuando los encuentros sí eran relevantes desde el punto de vista de la competición. Creían al parecer estos jugadores que Mou habría recibido resignado la extremaunción deportiva y estaría dirigiéndose hacia la luz, que en este caso será la del Chelsea, cuando volvió a ofrecerles gratis una soberana lección de profesionalidad, cuestión ésta que, hoy por hoy y más allá de la demagógica cantinela del "amor a los colores", es por cierto la única muestra de cariño realmente ponderable en este negocio del fútbol profesional.

Es inevitable que un sector del madridismo tenga la impresión de que al final a Mourinho no le han derrotado los Tattaglia, la falta de confianza del club, la ausencia de un proyecto claro a medio o largo plazo o la ausencia de buenos resultados del tercer año sino sus propios jugadores. Y, como en el caso de la noticia de Futboleros, tampoco soy capaz en este caso de aventurar si son diez, mil o diez mil los socios o aficionados merengues que creen que las vacas sagradas del vestuario plantearon un pulso que han acabado ganando, pero tan cierto es que esa corriente de opinión existe como que hoy es viernes 24 de mayo de 2013. Yo creo que Mourinho pensó que el club de fútbol más prestigioso y potente del mundo sería un banco de pruebas ideal para llevar a la práctica todas sus ideas, que son muchas, y al final le pudo su propia ambición y lo inacabable de la tarea.

Pero volviendo a los jugadores. Ayer Casillas publicó en Instagram un primer plano de la palma de una de sus manos sosteniendo un montón de pipas y la leyenda "me encantan las pipas con sal". Iker podría haber dicho que le gustaban las almendras, los pistachos, las castañas o los anacardos pero eligió las pipas, justamente las pipas, precisamente las pipas. Es posible que la foto no tenga otra lectura más profunda que la predilección cierta del portero del Madrid por las semillas de girasol pero parece lógico pensar que, consciente del debate abierto en el madridismo, Casillas haya querido mandar un mensaje subliminal, un mensaje que abonaría la tesis de que efectivamente han ganado los jugadores. La verdad es que no veo a Mourinho respondiéndole vía Twitter porque es decepcionantemente infantil y porque el entrenador ya condensó en el momento procesal oportuno, que ya no es desde luego el actual, la idea que tenía al respecto de este asunto con la siguiente frase: "Pues a mí me gusta más Diego López". Sin mayores pipas.

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