El penúltimo raulista vivo

Personaje delante del sol

Hace cinco meses que Mourinho le cogió la matrícula a Guardiola. Me hace mucha gracia cuando alguien dice que el Real Madrid juega a otro deporte o que no quiso ganar ayer el partido: por supuesto que salió a ganar, pero no jugando a lo mismo que propone el Barcelona por la sencilla razón de que no cuenta con los mismos jugadores. Es como si alguien viniera a convencerme ahora de que Muhammad Ali, que siempre fue un púgil de una técnica depuradísima, no quería ganar su famoso combate del 74 contra Foreman porque no le dio la tremenda satisfacción de ir con él al intercambio de golpes; Ali estudió a su rival, se dio cuenta de que era una máquina de triturar carne y tuvo claro que su única oportunidad de vencerle pasaba por agotarle físicamente y esperar su momento. Y su momento llegó.

Para explicar lo que pasó anoche en el estadio Santiago Bernabéu hay que retrotraerse al 29 de noviembre del año pasado. Aquel día, el Barça bailó literalmente al Madrid... jugando a lo que quería el Barça. La gente se tomó a chanza lo que dijo entonces Mourinho acerca de que aquella era una derrota muy fácil de asimilar, pero así fue por la sencilla razón de que el partido se había acabado en el minuto 17. El portugués, que además de un estratega excepcional sabe manejar como nadie los "tiempos psicológicos", llegó entonces a la conclusión de que su equipo no podía jugarle al Barcelona como quería el Barcelona sino como quería el Madrid, y así lo planteó ayer. ¿La belleza?... Alguien podrá asegurarme que Personaje delante del sol de Joan Miró es una obra de arte y sin embargo a mí me sigue pareciendo un garabato sin sentido. Mourinho, como Ali en su combate contra Foreman, se adaptó a sus actuales circunstancias para tratar de sacar ventaja.

Guardiola dijo hace poco que su tiempo en el Barça se estaba agotando. Resultará muy interesante comprobar qué es capaz de hacer Pep en otros equipos y con jugadores distintos a los Messi, Xavi, Iniesta, Pedro y Alves. Lo que sí sabemos a ciencia cierta a día de hoy es que, jugando unas veces mejor y haciéndolo otras veces peor, Mourinho ha logrado que tres equipos tan distintos como Oporto, Chelsea e Inter de Milán acabaran siendo todos ellos competitivos, que es de lo que se trata. Es tan maniquea en su mayoría la prensa deportiva española que sólo es capaz de dividir entre yin y el yang, lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo; el camino recto suele ser el que coincide de lleno con sus gustos personales y el tortuoso el que se distancia de ellos, pero es rotundamente falso que exista un catón del fútbol.

Hace cerca de cinco meses que el Barcelona tuvo el balón y las ocasiones, puso el juego, marcó todos los goles y sacó posterior provecho de la "ola emocional" que supuso para el Real Madrid una derrota tan humillante como aquella... de la que Mourinho supo extraer sus propias conclusiones. Algunas de esas conclusiones, yo me atrevo a aventurar que no todas, pudieron verse ayer. El Barcelona volvió a tener el balón porque, salvo mejor opinión, hasta la fecha no ha habido absolutamente ningún equipo en el mundo capaz de robárselo, pero, con Pepe de mediocentro, el Real Madrid tuvo más ocasiones y bastante más claras que las de su potentísimo rival. Con diez jugadores sobre el campo, el Madrid pudo ganar perfectamente al Barça, y, con el 0-1 en el marcador, el defensivo Mourinho sustituyó a Benzema por Özil y dio entrada a Adebayor por Xabi Alonso. Eso pasó el sábado, la historia del miércoles podría ser otra... o quizás no. Pero seguro que con lo que sucedió ayer no podrán hacer una campaña los de Asistencia Sanitaria.

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