El penúltimo raulista vivo

Periodismo de bufanda anti-Ramos

Desde que Salah hubo de retirarse de la pasada final de Champions tras una acción fortuita con Sergio Ramos, desde el país que vio durante años destrozar huesos a Vinnie Jones y romper piernas a Roy Keane, probablemente dos de los futbolistas más sucios del último medio siglo, se ha emprendido una campaña contra Sergio Ramos, capitán del Real Madrid y de la selección nacional española. Es, nunca mejor dicho, una campaña, o sea una operación de desprestigio contra el futbolista y de acoso y derribo contra la persona, contra el ser humano. Y, como cualquier campaña que se precie, encierra mucha mentira... y algo de verdad. La mínima verdad que encierra esta campaña es que Sergio Ramos, que se gana, y bien además, la vida como defensa central, no va por ahí repartiendo caramelos precisamente; la gran mentira que encierra la campaña es que Ramos no es, ni de lejos, el defensa central más violento que hayan visto mis ojos hasta la fecha, y algunos han visto.

A esta campaña british contribuye también el periodismo deportivo español, fundamentalmente el catalán, que tiene más de británico que de nacional, un periodismo de bufanda anti-Ramos. El caso es desprestigiar al precio que sea, aunque sea mintiendo descaradamente, al hundimiento del futbolista que, si no sucede nada raro, se convertirá en el que más veces haya vestido la elástica nacional. Para justificar el baile que el Madrid le dio al Liverpool en La Decimotercera, en Inglaterra quieren que Ramos sea violento, necesitan que Ramos sea sucio, resulta imprescindible que Ramos fuera a sacar adrede y con malas artes a Salah del campo y noqueara conscientemente a Karius para que éste le regalara el primero a Benzema y el tercero a Bale. Yo he visto a Goicoetxea, he visto a Migueli, he visto a Balbino y a Arteche, y creedme cuando os digo que, comparado con ellos, Ramos es una hermanita de la caridad, una ursulina; y que, comparado con Jones y con Keane, Ramos es un parvulario, un tierno infante, un querubín, un angelito, un tierno gatito.

Para hundir a Ramos vale todo. Vale, incluso, imaginar que el lunes agredió a Sterling pisándole cuando éste estaba en el suelo y sin balón por medio. Aquí, en España, hemos tenido que leer titulares del siguiente jaez: "Ramos enfurece otra vez a Inglaterra por un pisotón a Sterling", "Indignación en Inglaterra por un pisotón a Sterling" o "La jugada que indigna a Inglaterra". Y en Inglaterra, como se podrá imaginar, Ramos fue el autor de los crímenes del barrio de Whitechapel, aunque el asesino los llevara a cabo en 1888 y el futbolista naciera un siglo más tarde, en 1986. Jack el destripador no fue Severin Klosowski ni Francis Tumblety sino Sergio Ramos, despejada la duda. El mito del comeniños de Camas ha ido creciendo y creciendo a pesar de que el programa de Televisión Española Estudio Estadio sacara a la luz unas imagenes en las que se podía comprobar nítidamente y sin posibilidad alguna de duda de que Ramos jamás pisó a Sterling y que éste se dolía de una presunta entrada anterior que, a mi modo de ver, tampoco se produjo.

El propio Ramos ha publicado ese vídeo a través de sus redes sociales y ha añadido la siguiente leyenda: "No hay más que decir". Pero yo sí creo que hay muchas cosas que decir. Yo creo que hay que decir que no vale todo, que no vale mentir y, una vez descubierta la verdad, sostener pese a todo la mentira. Y creo que hay que decir que, si el error ha sido sincero, el mismo espacio dedicado a la ruín bola debe destinarse al lógico desmentido. Conviene además decir que no, que desafortunadamente el desmentido no se ha producido, que yo sepa, y que la leyenda negra de Ramos, alimentada por aquellos que tienen el alma sucia, continúa campando por ahí a sus anchas. Sterling conoce la verdad, él sabe lo que sucedió, pero lo que sucedió contradice todas las teorías de los tabloides británicos. Karius, por cierto, también conoce la verdad: te los comiste con patatas, Loris; primero el de Benzema y luego el segundo de Bale, que fue el tercero del Madrid. Ya te las comiste antes del choque con Ramos y te las has vuelto a comer después; sugerir que Sergio quiso lesionarte para que Benzema te pillara haciendo aguas mayores en el cuarto de baño no habla demasiado bien de ti, y dejar que crezca la leyenda negra de Ramos no habla demasiado bien de ninguno de nosotros.

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