El penúltimo raulista vivo

Pepe, Karanka y el significado de la palabra lealtad

Yo a Pepe le tengo castigado por traidor. Cambió de caballo a mitad del río, después de que Mourinho subiera al despacho de Florentino Pérez a pedirle por favor que no empaquetara al jugador y cuando media España le consideraba la reencarnación de Jack el destripador y la otra media quería que le sacaran de aquí de madrugada, atado de pies y manos y en un helicóptero del ejército. Supongo que al comprobar que la traición estaba cómodamente instalada en el vestuario y que no sólo no se avergonzaba de ello ni agachaba la cabeza sino que se jactaba ufana y presumía de su acción con una sonrisa de oreja a oreja fue precisamente cuando Mou decidió que se iría al Chelsea. Pepe, claro, dejó de jugar inmediatamente con Mourinho porque de un traidor se puede esperar cualquier cosa, también que te marque a propósito un gol en propia puerta, ¿por qué no?...

Para el futbolista hubo premio en forma de más que previsible milagro periodístico puesto que toda la respetabilidad que Pepe había perdido en los medios al ser justamente considerado como una de las principales prolongaciones del técnico portugués sobre el terreno de juego la ganó de repente al apuñalar en vivo y en directo al entrenador. Pepe se acostó una noche siendo el enemigo público número uno y al levantarse a la mañana siguiente no sólo no había golpeado a Casquero sino que había sido la cabeza del jugador del Getafe la que había impactado con la bota del central del Madrid. Decía Diógenes que las mordeduras más peligrosas eran las del calumniador entre los animales salvajes y las del adulador entre los animales domésticos. Pepe es claramente un perrito faldero al que el Real Madrid acaba de decidir que hay que mejorar el contrato echando por tierra aquella famosísima frase que Quinto Servilio Cepión dirigió a Audax, Ditalcos y Minuros tras asesinar a Viriato: "Roma no paga a traidores".

Está tan desviada la actual Expaña que la acción vergonzante de Pepe, que en cualquier otro período de nuestra historia habría sido públicamente afeada y habría servido para que la gente le diera la espalda, ahora fue aplaudida, ovacionada casi, mientras que la lealtad de Aitor Karanka hacia Mourinho sirvió de motivo de burla. Si Aitor hubiera querido hoy estaría con Mou en el Chelsea, pero no quiso. El otro día todavía tuve que ver cómo en una televisión nacional se mentía a costa de este asunto diciendo que el ex entrenador del Real había dejado a su segundo en la estacada. Falso de toda falsedad. Pero Karanka, que no es un perro faldero sino un tigre y que se viste por los pies, decidió que quería vivir su propia experiencia, de ahí que me alegre tanto de que haya sido presentado como nuevo técnico del Middlesbrough. No sé si triunfará o no como entrenador pero nadie podrá dudar que el camino que ha decidido emprender no esconde recovecos y es más recto que la vara de medir. Y ese es precisamente su premio, que como no tiene precio tampoco podría pagársele ni con todo el oro del mundo. Ni falta que le hace.

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