El penúltimo raulista vivo

Pedro o la soledad de un campeón mundial

Lo que Xavi y Alba, entre otros, criticaron de la despedida de Iker Casillas del Real Madrid no fue que en su adiós no estuvieran arropándole sus compañeros sino la soledad institucional: "En el Barça habría sido distinto", venía a ser el mensaje. Sobre lo primero hay que decir que Iker se despidió el 12 de julio y sus compañeros habían iniciado la gira un día antes, el 11, cuestión que complicaba bastante la presencia física de futbolista alguno; sobre lo segundo hay que insistir en que Casillas pidió estar solo y el club, yo creo que erróneamente, lo consintió; a Iker se le despidió un día o dos más tarde en el estadio Santiago Bernabéu, en un acto presidido por el primero de los madridistas, Florentino Pérez, rodeado de sus títulos y con la presencia de los aficionados que tuvieron a bien trasladarse hasta el campo, y, como suele ser habitual, al Real Madrid se le afeó tanto la primera despedida, la solitaria, como la segunda, la coral.

Llamaban mucho la atención tan descaradas palabras por parte de Xavi y de Alba, más aún teniendo en cuenta la patada a seguir que le dieron a Abidal, recuperado de un cáncer de hígado, tras haberle asegurado Bartomeu que el club contaría con él en cuanto lograra recuperarse. Pero ha querido la casualidad que, casi un mes y medio más tarde, el españolísimo Pedro haya tomado la decisión de irse al Chelsea de José Mourinho, el entrenador más antiespañol que jamás conoció la historia del fútbol mundial, en busca de los minutos que le negaba Luis Enrique, quien, si hiciéramos caso de la "filosofía tattagliesca", no estaría haciendo otra cosa que alinear a Messi, Neymar y Luis Suárez para evitar el rayo fulminador presidencial. Por supuesto que las personas no son comparables: Casillas llegó al Real Madrid con 9 años y Pedro aterrizó en el Barça con 17; Casillas ha ganado 18 títulos con el Real Madrid y Pedro 20 con el Barça, pero, títulos arriba o años abajo, de lo que hablamos es de la soledad no querida de un campeón mundial. Ni un vídeo de homenaje. Ni un título. Ni una cartita de Xavi desde la enigmática Qatar. Nada. Aquí te pillo, aquí te mato.

La diferencia entre la despedida de Iker, que fue el mejor portero del mundo, y la de Pedro, que llegó a Londres, se calzó las botas y, en su debut con el Chelsea, marcó un golazo y dio una asistencia, es que la de éste último no tendrá bis. Con Casillas estuvo Florentino, con Pedro no estará nunca Bartomeu. La solitaria despedida de nuestro campeón mundial adquirió tintes ciertamente dramáticos y un poco paletos cuando el tinerfeño fue preguntado por su nuevo entrenador, el comeniños españoles José Mourinho. Desde el fondo de la sala se oyeron tímidos silbidos se supone que procedentes de algún jugador culé. Esos silbidos, esa actitud provinciana, esa carencia total y absoluta de los tan cacareados valors, esa falta de respeto hacia el compañero del alma, a quien se colocó en una situación verdaderamente incómoda, corroboran el daño terrible que el portugués le hizo al Barcelona mientras permaneció en el banquillo blanco. Es muy probable que, sin Mou aquí, Iker se hubiera despedido del Real Madrid con quince títulos y Pedro lo hubiera hecho del Barça con veintitrés.

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