El penúltimo raulista vivo

Pasó el tiempo de Luis

La misma noche de la eliminación de España en la Eurocopa de Portugal, el seleccionador nacional, Iñaki Sáez, emprendió un camino equivocado al desdecirse de sus intenciones de marcharse si el equipo no sacaba buena nota en el campeonato. A excepción del propio Sáez, que, si mal no recuerdo, se autopuntuó con un "notable", el resto de mortales entendimos rápidamente que si España no había logrado clasificarse en un grupo con Rusia, Grecia y Portugal, no sólo no había aprobado sino que había hecho el más espantoso de los ridículos. Recuerdo que la misma noche de la eliminación entrevisté a Sáez en "El Tirachinas", y el seleccionador se rebrincó conmigo cuando le dije que tenía que cumplir su palabra. "Yo no dije eso". Lo dijo, vaya que si lo dijo. Luego, supongo que tras la oportuna reflexión, acompañada, eso sí, por una importante y generalizada somanta de palos, Sáez confesó y se largó con viento fresco. Aquellos fueron, sin duda, los peores días de Iñaki Sáez como seleccionador nacional. Se le fue la "pinza", como se suele decir ahora.
 
Anoche tuve con Luis idéntica sensación. Finalizado el partido contra Francia, eliminados de nuevo a las primeras de cambio, alguien dijo que Luis seguiría si se lo pedían "la federación, la prensa y los aficionados". Pero, que yo recuerde, después de la famosa sofronización y antes de la apasionante historia del sexador de pollos japonés, Luis gritó a los cuatro vientos que dimitiría si España no lograba alcanzar las semifinales. Puesto que España ni siquiera ha conseguido meterse entre los ocho mejores, lo primero que debe hacer Luis en cuanto su avión aterrice en el aeropuerto de Madrid Barajas es presentar su dimisión irrevocable tal y como prometió en reiteradas ocasiones.
 
Pero, gracias a Dios, parece que mi impresión inicial, producto de informaciones algo difusas, estaba equivocada. Poco antes de partir hacia España, otra vez con el rabo entre las piernas, convertidos de nuevo en comparsas de una competición de élite, Luis, demasiado cabalístico para mi gusto, ha insistido en que él ya dijo en su momento todo lo que tenía que decir. Tampoco le habría costado nada responder con un "sí señor, me voy, me largo, me marcho, good bye", pero habrá preferido respetar los "tiempos". El suyo al frente del equipo nacional, por mucho que nos duela, ha pasado. Como también pasó el tiempo de Ángel Villar al frente de la Federación Española de Fútbol. Aunque él, erre que erre, sigue a lo suyo. Lo último que ha dicho es que, dentro de dos años, volverá a presentarse a la reelección. Pues vale.
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