El penúltimo raulista vivo

Para el Club de admiradores de El corazón atormentado de Arthur Rimbaud

Rosell se ha disculpado "a la catalana" por su bravuconada presuntamente solidaria. Pidió perdón, sí, pero lo hizo de aquella manera, parapetado detrás de un kilo de garbanzos y aludiendo específicamente a los socios y seguidores culés cuando, de haberse ofendido verdaderamente a alguien con su apuesta por un 5-0 en la final "para no perder la costumbre", esos deberían ser los madridistas y no los azulgrana. Es como si Mourinho se hubiera excusado únicamente con los merengues nacidos en Málaga después de ir pregonando a los cuatro vientos que él no iría jamás a entrenar allí. Supongo que el presidente del Barcelona, que parece estar en una eterna campaña electoral contra Laporta y que no tenía del todo claro si quería que el Mundial lo ganase España o Argentina, prefiere no excitar al sector más recalcitrante e independentista del club que preside: ¿Pedir perdón a un madridista?... Antes muerto que sencillo. Por cierto que al respecto de los usos y costumbres de la Liga española y, ya puestos, también de la Copa de Europa a lo largo del último medio siglo, a mí me gustaría mantener una conversación con Sandruscu. Cinco minutitos de reloj.

Por otro lado, daba perfectamente por descontado que el Club de admiradores de El Corazón atormentado de Arthur Rimbaud acusaría inmediatamente a Mourinho, que no comparte en absoluto su afición por el simbolismo, de haber provocado las diez plagas de Egipto y, naturalmente, de la derrota del Madrid ante el Sporting de Gijón en casa. Nunca, según su estrambótico criterio, un solo hombre hizo tando daño a una institución centenaria como ésta. Así que, treinta jornadas de Liga después y no sé cuántos partidos más tarde, con lo que ha llovido y lo que hemos vivido juntos, los hermanitos Grimm me vienen con el cuento de que todo queda resumido en un cambio, el de Granero, que probablemente impidió que el equipo se llevara los tres puntos y continuara la caza y captura de la gent blaugrana. Así de maniqueos son estos muchachos tan simpáticos. Pero Esteban, mal que nos pese a todos, que nos pesa, estuvo 56 minutos sobre el campo, ido, incapaz de liderar al equipo, sin la casta imprescindible que se le supone a un futbolista que pretende llevar la brújula del Real, y en el estadio Santiago Bernabéu además. De acuerdo en que Mourinho no confía en Granero. Y de acuerdo también en que Granero no se ha hecho en absoluto merecedor de dicha confianza.

Lo cierto es que el Real Madrid jugó mal, muy mal, fatal, pero... ¿Ni una línea dedicada al gol anulado a Carvalho? ¿Ni una línea acerca del penalti de Lora?... Del gol de Piqué, ayudado clarísimamente por la mano, ni hablamos porque fue a otra hora y en otro campo, pero... ¿Cómo se pueden obviar dos acciones tan determinantes como las que acabo de citar en la crónica del partido del sábado y pretender al mismo tiempo pasar por objetivo?... Caretas fuera: yo estoy a favor de Mourinho, el tío me cae bien y creo que con el tiempo suficiente ahormará un equipo capaz y competitivo, firme y serio; y Santiago Segurola y Diego Torres, tanto monta, monta tanto, estarán irremediablemente en su contra haga lo que haga y diga lo que diga. Y me parece muy bien siempre y cuando no quieran vendernos la burra coja y ciega de que ellos analizan con seriedad, imparcialidad y rigor: aquí el único rigor que hay es el "rigor mortis" del periodismo deportivo español. Pero servidor no piensa refugiarse desde luego detrás de un kilo de arroz SOS. No me parece poético. Decepcionaría a Rimbaud.

A continuación