El penúltimo raulista vivo

Panorama después de la pitada

Lo repito: de haber nacido en Madrid, Barcelona o Sevilla y no en Praga, Franz Kafka sería considerado un escritor costumbrista. Los pitos del Camp Nou llegaron a alcanzar los 119 decibelios, a 21 del umbral del dolor humano. Para que nos hagamos una idea, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki alcanzaron los 200 decibelios y el concierto de AC/DC del otro día en el estadio Vicente Calderón llegó a los 110. Lo que pasó el otro día en la final de Copa alcanzó diez decibelios más que You shook me all night long y diez menos que un avión en despegue. Estoy convencido de que los jugadores, justo en el centro de ese volcán en plena erupción, sufrieron con especial crudeza los rigores de la pitada. Los jugadores... y el trío arbitral. Pues bien: a la hora de redactar el acta del partido, y en el capítulo de incidencias, el colegiado madrileño Carlos Velasco Carballo calificó el comportamiento del público como "normal". Kafka en el Camp Nou.

¿Qué habría hecho falta para que Velasco Carballo hubiera recogido en el acta del partido la enorme pitada? ¿Lo habría hecho si, una a una, hubieran ido estallando las cabezas de todos los espectadores? ¿Habría recogido en el acta lo anormal de la situación si, por ejemplo, Messi se hubiera desmayado debido al dolor insoportable? ¿O si Aduriz hubiera empezado a vomitar de repente? ¿Se habría referido el notario del partido a la circunstancia acaecida en el Camp Nou y que ha dado varias veces la vuelta al mundo si sus asistentes se hubieran desplomado o, pese a todo, habría seguido tan tranquilo a lo suyo, como si nada?... Una de dos: o Velasco Carballo considera normal que ochenta mil espectadores piten el himno nacional de España e insulten al jefe del Estado o alguien le sugirió que, para seguir ascendiendo en el escalafón, debía considerar como absolutamente normales la pitada, los insultos y las ofensas a los símbolos nacionales.

Lo sucedido el otro día fue "normal" para Velasco y, después de un montón de horas de reunión con paradita técnica para comer, la Comisión Antiviolencia no sancionó a nadie y, eso sí, abrió expediente a los promotores de la pitada al himno... ¡Uy, qué miedo, que viene Antiviolencia!... Ya me imagino a los miembros del Manifest per la Xiulada a l'himne espanyol i al Rey Felipe de Borbón poniendo en orden sus pasaportes y sacando rápidamente todo el dinero del banco para largarse cuanto antes de España ante las temibles represalias de Miquell Cardenall i Carro y los de Palacaguina. Por cierto que al presidente del Consejo Superior de Deportes no le hizo falta "tener el panorama completo" de lo sucedido para escribir en El País su vergonzoso artículo titulado Orgullosos del Barça, ayer sí. Aún así el panorama completo es sencillo de describir: de un lado, un atajo de cobardes; del otro, un grupo de amorales. Y lo mejor y más práctico del caso es que son grupos perfectamente intercambiables.

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