El penúltimo raulista vivo

Otro invierno será

Oyendo a unos (el Atleti) y leyendo a otros (el Barcelona) pareciera que la única utilidad pública del derbi fuera en realidad la de echarle tres o cuatro paletadas más de cal viva a la fosa que la "opinión publicada" decidió abrirle porque sí, porque ella lo vale, el 31 de mayo del año 2010, nada más llegar a España, a José Mourinho. Si el Madrid ganaba el partido, como al final así fue, seguiría a 5 puntos del Atleti y a 11 del Barcelona (nadie esperaba que el Athletic del sabio Bielsa diera la talla en el Camp Nou); pero si el Madrid perdía... ¡Oh là là si el Madrid perdía!... Si el Madrid perdía aquello sería un bocatto di cardinale, auténtica teta de novicia. Si el Madrid perdía Mourinho, que es la pieza a derribar, quedaría más expuesto aún de lo que ya suele estarlo, la gente se giraría hacia el palco, la pañolada contra Florentino Pérez sería insoportable y a éste no le quedaría más solución que tomar una dolorosísima decisión en beneficio de todos. Vamos, el cuento de la lechera versión Liga BBVA.

Porque el Real Madrid ganó. Y, como ganó el Real Madrid, en realidad nunca pasó por la cabeza de ningún atlético sensato eso de luchar por la Liga (oído en la radio) porque la distancia entre los presupuestos de uno y otro club (leído en la prensa) es tan abismal que lo convierte prácticamente en una misión imposible, algo así como el rescate del soldado Ryan. Pero antes del partido, con el Atlético a 8, el milagro de arrancar la victoria del Bernabéu no era tal, la importancia de los tres puntos (salvo para el consejero delegado del club, el señor Miguel Ángel Gil, que poco antes había manifestado que ya se sentía satisfecho convocando veinte mil almas en el entrenamiento) era esencial, trascendental, histórica. Al final el único milagro, obrado por intercesión del colegiado, consistió en que Diego Costa, que perfectamente podría haber hecho de extra en Con Air, acabara el partido después de todo lo que fue repartiendo por ahí.

El Real Madrid fue mejor que el Atlético en la primera parte y muchísimo mejor que él en la segunda. De hecho me cuesta mucho recordar, aunque quizás lo haya, un solo disparo rojiblanco con peligro entre los tres palos de Iker Casillas. No fue un partido espectacular puesto que el Madrid tenía enfrente a un equipo del perfil del Simeone futbolista, duro, correoso, siempre encima, bronco en ocasiones, "rascando" a la menor ocasión; que el Cholo haya sentado a Adrián para darle minutos a Costa es un ejemplo claro del tipo de jugador que enamora al técnico rojiblanco. Cristiano (un golazo, un larguero y un poste) volvió a destacar sobre los demás, incluyendo en ese "demás" a un grisáceo Falcao, el peor en mucho tiempo. Y Mourinho, mal que les pese a algunos, ganó los dos plebiscitos, el personal primero y el colectivo después. Otro invierno será. Habrá que esperar a la próxima paletada.

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