El penúltimo raulista vivo

Olé por Ramos

Juan Pablo Polvorinos me preguntó ayer en Fútbol EsRadio qué me había parecido la decisión de Sergio Ramos de no asistir a la reunión telemática con Salvador Illa, Fernando Simón e Irene Lozano, y yo le contesté que no tenía una opinión formada al respecto y que prefería oír lo que tuvieran que decir Luis Herrero y José Luis Garci. Pues bien, ya la tengo, ya tengo una opinión formada al respecto, y a formarla me ha ayudado curiosamente el atleta podemita español Roberto Sotomayor. Lo de podemita no lo digo yo, lo dice él, y me parece relevante para el caso que nos ocupa puesto que últimamente a Roberto se le da más cancha en los medios por sus polémicas tuiteras que por sus actuaciones sobre la pista. En un tuit que publicó ayer a las 10 horas y 57 minutos, Sotomayor escribía lo siguiente: "Deportistas con estilo, clase y saber estar, y después, en el polo opuesto, deportistas como Sergio Ramos". O sea que (y esto lo añado yo) el capitán del Real Madrid no tiene estilo ni clase ni sabe tampoco estar.

¿Por qué un tuit de Sotomayor me ha ayudado a formar una opinión al respecto de la decisión de Ramos de no acudir a la cita con el Gobierno diseñada por Iván Redondo? Pues me ha ayudado porque he pensado que una cosa es predicar, que es lo que solemos hacer todos, y ahí incluyo a Sotomayor, y otra bien distinta es dar trigo. Predicar, hablar, opinar... es sencillo, pero dar trigo, hacer algo práctico, quitártelo a ti para dárselo a otros, ser generoso... eso es distinto. Y yo creo que Ramos se ha ganado el derecho a acudir o no a una reunión con el Gobierno porque, a finales del pasado mes de marzo y cuando las UCIS andaban colapsadas, los sanitarios estaban superados y desprotegidos y nuestros abuelos morían sedados en las residencias de ancianos, Sergio Ramos y Pilar Rubio donaron 264.571 mascarillas, 1.000 equipos de protección y 15.000 test para el Covid 19 y, qué queréis que yo os diga, a mí me parece que eso es tener mucha clase y responder con estilo a una crisis sanitaria nacional y mundial. De modo que para criticar a Ramos uno debería haber donado al menos una mascarilla, un equipo de protección y un test más que él, lo demás es predicar sin fundamento, que es, por cierto, lo que suele hacer el ídolo de Sotomayor, Pablo Iglesias, para el que que todos intuimos (y algunos deseamos) un futuro judicial inmediato ciertamente complicado.

Para filosofar como Sotomayor todo el mundo vale, para hacer ya no vale todo el mundo. ¿Por qué Ramos decidió no acudir a la reunión con el ministro de Sanidad, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias y la presidenta del Consejo Superior de Deportes? Pues Ramos decidió no ir porque interpretó que esa reunión iba a suponer el blanqueamiento de una de las peores gestiones sanitarias de Europa y del mundo. ¿Y por qué dedujo eso Ramos? Fácil, lo dedujo porque preguntó si la reunión iba a ser pública y en directo y le dijeron que de ninguna manera. O sea, Illa buscaba la foto. ¿Y por qué el Gobierno se negó a que la reunión con esos referentes sociales a los que se refería hoy mismo el ministro de Sanidad se produjera en vivo y en directo y no fuera un simple corta y pega, o sea un vídeo promocional editado del PSOE en la línea del "Salimos más fuertes"? Pues el Gobierno no quiso someterse a las preguntas en directo de los capitanes pensando que igual a alguno se le ocurría preguntar por qué se permitieron eventos deportivos la primera semana del mes de marzo o, como no puede ser menos, planteaba sus serias dudas acerca del protocolo.

Así que, amigo Sotomayor, te diría que del mismo modo que el movimiento se demuestra andando, la clase durante una pandemia se constata donando, ayudando, colaborando, arrimando el hombro, en definitiva siendo solidario. Con sus impuestos, que deben ser importantes, los Ramos ya contribuyen al estado del bienestar, que durante los últimos días del mes de marzo y abril y mayo se ha resquebrajado, se ha hundido, se ha venido abajo por una gestión surrealista protagonizada por gente bastante inepta, para qué nos vamos a engañar. Pero es que además de por la vía impositiva, que a esa contribuímos todos en mayor o menor medida, el capitán del Real Madrid ha sido altruista, o lo que es lo mismo ha sido diligente en procurar el bien ajeno aún a costa del propio&, que es por cierto, y para que nos entendamos, justo todo lo contrario de lo que hace el comunismo. Así que sí, ya tengo formada mi opinión: Sergio Ramos hizo muy bien en no acudir a la grabación de ese spot de Iván Redondo, yo también les habría dejado plantados.

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