El penúltimo raulista vivo

Ojalá Morata no muerda la manzana de la bruja

Estamos a un cuartito de hora, a lo sumo veinte minutos, de que le echen la culpa a Mourinho de la racha negativa del Castilla. Alguien lo sugirió de refilón ayer, tras la derrota en casa ante el Recreativo de Sergi Barjuán, cuando Toril fue preguntado por si él creía que los últimos resultados habían tenido algo que ver con la polémica de la cantera. Ya digo que ha sido una primera aproximación, un primer amago, un primer sondeo; de momento se han limitado a instalar el campamento base en esa inexplorada cara de una polémica tan ficticia como surrealista, pero que Toril vaya preparándose una respuesta convincente si al filial se le ocurre no sacar los tres puntos de Anduva. A puntito estuvieron de obligar a Mourinho a pedir perdón por haber sacado al campo al canterano que él mismo subió al primer equipo y que a la postre acabó marcando el gol salvador ante el Levante, de forma que es lógico deducir que más pronto que tarde se le acabe responsabilizando de la caída en picado del Castilla.

Lo confieso: tengo miedo por el chaval Morata. Tengo miedo por él porque ya he asistido antes al encumbramiento y posterior desintegración trocito a trocito de otros chicos salidos también de la cantera y que iban para auténticas estrellas. Alguno incluso estaba predestinado a convertirse en el Gerd Müller merengue. Y de repente se pasó directamente y sin solución de continuidad del halago fácil, las comparaciones más psicodélicas y las portadas gratis al desprecio y el olvido más absolutos. Morata tiene un par de problemas en el actual Real Madrid: uno se llama Benzema y es titular indiscutible con Francia y el otro se llama Higuaín y es fijo con Argentina. Álvaro tiene dos problemas pero, a cambio, posee un futuro envidiable por delante y, a diferencia de otros cracks que cedieron subyugados ante el cántico de las sirenas, cuenta con un entrenador que le va a cuidar, que le va a proteger y, si decide hacerle caso, va a conseguir que acabe triunfando.

"Amuebladito", ése fue el término que Mourinho empleó para definir la cabeza de Morata. Y es que uno tiene que tener la cabeza muy bien amueblada y rodearse de gente muy sensata que busque tu bien para resistirse a los falsos encantos del elogio, que tiene mil rostros pero que al final quedan todos ellos resumidos en una cara muy dura, la de la maquiavélica utilización de un crío con la única finalidad de pegarle una patada en el culo a un entrenador impermeable al chantaje y que ya tiene el colmillo retorcido por mil batallas. Morata leerá ahora por ejemplo la opinión acerca del fútbol de cantera de Ginés Meléndez, le venderán la burra coja y ciega de que Mou sólo cuenta con él en "situaciones límite", querrán embaucarle y estará sólo ante el peligro. Por eso, porque sé muy bien qué son capaces de hacer, tengo miedo por él. Aguanta, Álvaro, aguanta. Resiste. No caigas en la trampa. No cedas. No comas de la manzana que ya te está ofreciendo la bruja. Parece deliciosa por fuera pero por dentro está podrida de gusanos.

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