El penúltimo raulista vivo

En la fiesta de Oblak

El plan B que tanto le reclamaban a Ancelotti para jugar contra el Atleti no consistió en un cambio de jugadores sino (por fin) en la correcta lectura del guión que siempre, una y otra vez, invariablemente propone Simeone. Lo que me parece sorprendente es que el Real Madrid, que tiene mejores futbolistas, haya tardado tanto tiempo, casi dos años, en traducir un texto futbolístico que en realidad es bastante simple. Desde que el fútbol es fútbol, la presión se ha eludido con más velocidad (que no precipitación), precisión y movimientos sin balón; ese dos contra uno que al Cholo le ha salido siempre a pedir de boca hasta la pimera parte de ayer, la sensación que hemos tenido últimamente de que en el campo había más jugadores vestidos de rojiblanco que de blanco, se la quitó de encima el Real defendiendo con el balón en los pies, buscando y encontrando los espacios en ataque y, sobre todo, tratando de no regalar nada en defensa.

El Atleti de Simeone saca habitualmente oro negro de las segundas jugadas, de los córners... Cada rechace se convierte para ellos en una guerra de guerrillas que hay que librar... y que hay que ganar como sea. A lo largo de todos y cada uno de los noventa minutos que dura un partido el equipo de Simeone va conquistando primero un montículo, luego una colina, después una playa, y, como en el Risk, cuando el árbitro pita el final del partido Simeone se dedica a sumar países, a hacer recuento de un botín que casi siempre le es favorable. Para ganarle al Atleti en ese tablero y con esas reglas tienes que haber interiorizado previamente un espíritu combativo y un ardor guerrero que no todos los equipos poseen; como con el Barça de Guardiola, el error con el Atleti de Simeone consiste precisamente en jugar a lo que él quiere e ir a la batalla aceptando sus normas, que es justo todo lo contrario de lo que hizo Ancelotti ayer.

Jugando a lo que quiso el Madrid, y no a lo que pretende siempre el Cholo, el Atleti pudo haberse llevado anoche un saco de goles. No miento, un saco. Y ahí se topó con Oblak, un porterazo. El Real mereció sentenciar el partido de vuelta en el de ida... pero no lo hizo, y después de sufrir lo que no está en los escritos el Atleti, que jamás renuncia, se rehizo en el tramo final intentando buscarle las cosquillas a un rival que fue muy superior. La prueba del algodón de que las tácticas las hacen buenas o malas los jugadores, que son los únicos protagonistas, es que cuando peor lo pasó el equipo de Ancelotti fue precisamente al sentar a Benzema para dar entrada a Isco pasando al añorado, idolatrado y deseado 4-4-2. El 0-0 es malo para el Madrid porque mereció mucho más a lo largo de los noventa minutos pero si, allá por el mes de septiembre, hubiéramos hecho una encuesta entre los madridistas preguntándoles si ellos firmarían jugarse el pase a semifinales defendiendo un empate sin goles y en su campo, el noventa y nueva por ciento habría respondido que sí. Que es lo que yo también respondo: "Sí". Sí, claro está, jugando a lo que quiere el Madrid.

Posdata 1: Espero que el partido de ayer pillara a Mourinho viendo Ben-Hur en el cine porque, de lo contrario, el Real Madrid tendrá un problema: ¡vaya partidazo de Varane!...

Posdata 2: Puede que desde el sofá, cómodamente repantigado, Bale pudiera hacer otra cosa en la jugada del minuto dos. "Un amague, un regate largo"... Yo creo que el galés lo hizo bien y Oblak lo hizo aún mejor. Tattaglia, dejad ya la cacería.

A continuación