El penúltimo raulista vivo

Objetivo, pitar al Rey

Que nadie se engañe, si el okupa Bartomeu prefiere un estadio con mucha capacidad es por la sencilla razón de que en él entrarán muchos más seguidores del Barça y del Athletic y así la pitada al nuevo rey de España resultará atronadora y los abucheos al himno nacional saldrán en todas y cada una de las televisiones del mundo. Bartomeu, que fue capaz de pasar por alto sus supersticiones cuando de perpetrar un presunto fraude fiscal en la contratación de Neymar se trató, no se ve ahora sin embargo con las fuerzas necesarias como para vestir de amarillo en el campo del Valencia, que a diferencia del Real Madrid sí que ha pedido albergar dicha final, pasar por debajo de la escalera de San Mamés o romper un espejo en el Camp Nou, que son precisamente los estadios de los dos finalistas de la Copa.

Y yo me pregunto: ¿Qué tendrá que ver con todo esto el Real Madrid, que como todo el mundo sabe fue eliminado hace un rato largo de la Copa del Rey de España y que no pidió cuando correspondía la final para el Bernabéu? ¿A santo de qué vuelve a implicar el maligno a un club que está jugando tan ricamente su Liga y su Champions sin meterse con nadie?... Son aproximadamente los mismos que vuelven a mostrar ahora su profundo hartazgo por el culebrón que se nos viene de nuevo encima aquellos que en su día metieron a la fuerza y a su pesar la papeleta del Real Madrid y de su campo en un bombo en el que nunca quisieron estar. Si Bartomeu quiere el campo del Real Madrid que lo diga, que pronuncie su nombre, que diga "Bernabéu" y que se deje de supersticiones.

Y entonces, cuando el presidente del Barça diga "sí, quiero que la final de la Copa del Rey se juegue en el estadio Santiago Bernabéu, propiedad del Real Madrid" habrá llegado el momento de que el club blanco vuelva a decir oficialmente que no, que no puede ser, que es una pena porque justo ese día, precisamente a esa hora, hay un baño que alicatar, un césped que repoblar, un foco que reponer, una calefacción que arreglar y, por encima de todo, un jefe del Estado al que proteger y un himno nacional al que salvar de la auténtica ignominia que supondría tener que volver a pasar otra vez por el amargo trance de ser maltratado sin que nuestras instituciones, que teóricamente deberían protegerlo, hagan nada ni muevan un sólo músculo de la cara. ¿El Bernabéu?... ¡No, gracias!... Mejor queden ustedes en otro sitio para poder pitar a gusto, tranquilitos y calentitos a Su Majestad el rey Felipe VI.

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