El penúltimo raulista vivo

O Sargento Chusqueiro

De que Robinho no era Pelé nos dimos cuenta al instante, poco después de la primera "bicicleta". Eso sí, Marcelo Teixeira se lo vendió a Florentino Pérez como si del mismísimo "O'Rei" se tratara, aunque aquí acabara descendiendo tanto en el escalafón que una noche se acostó siendo Rey y al día siguiente se levantó convertido en "O Sargento Chusqueiro". A Robinho, que debió salir ya de casa con algunos pajaritos en la cabeza, le hizo un daño terrible coincidir en el Real Madrid con Ronaldo, un futbolista con un talento innato envidiable pero que huía del trabajo en los entrenamientos como dicen que lo hace del agua fría el gato escaldado. Robinho, que además de compartir equipo con Ronaldo también pasaba el rato con él en su selección, no supo, no pudo o simplemente no le dio la real gana centrarse en su profesión y acabó convirtiéndose más en un problema que en la solución. Como Cassano. Y como el propio Ronaldo.
 
El madridismo no le agradecerá nunca lo bastante su bizarría al jeque Sheik Manssur bin Zayed Al Nahyan, aunque no hasta el punto de venderle el club como anunciaban el otro día. El City fue infinitamente generoso, cerrando así la mejor operación económica de la etapa de Ramón Calderón como presidente. En dieciséis meses en el Manchester, Robinho ha sido incapaz de ofrecer siquiera un bosquejo de lo poco que mostró en Madrid. A Roberto Mancini, que acaba de sustituir a Mark Hugues, quien también acabó harto de él, le ha sobrado un mes para darse cuenta de que el brasileño sigue mentalmente instalado en una de las fiestas de Ronaldo, y le ha comunicado que va a jugar más bien poco. Y como Robinho sigue queriendo ser el mejor, que fue justamente por lo que insistió tanto en irse del mejor club de fútbol del siglo XX según la FIFA, y sobre todo porque ya huele a Mundial, quiere regresar al Santos, aunque Teixeira dijera hace un año que todos los aficionados se avergonzaban del comportamiento de su ex jugador.

Por cierto que ahora se dice de Puyol y Xavi con Robinho lo mismo que se dijo de Raúl con Villa: que los capitanes le han vetado. A Villa no le vetó en ningún caso Raúl sino Manuel Llorente que pidió por él más o menos lo mismo que Silvio Berlusconi exigía por Kaká; la historia caía por su propio peso porque para sustituir al asturiano se fichó a un francés cinco años más joven. Ni Puyol ni Xavi podrían, estrictamente hablando, prohibir la contratación de otro jugador puesto que nunca adquirieron ese derecho, pero en el caso de los dos futbolistas del club catalán, dos de los pesos pesados de un equipo que acaba de hacer historia ganándolo todo, tampoco me extrañaría demasiado que le hubieran recomendado a Pep Guardiola que no trajera a un futbolista rebotado y que podía hacer añicos la estabilidad del vestuario. Robben, otro que prometía poner en pie al Bernabéu y que sólo acabó levantando una ceja, le aconseja a Ribéry que no venga al Madrid. Puyol y Xavi podrían haber hecho lo mismo con Guardiola, colocado además en una difícil tesitura tras haber recomendado a Chigrinsky. Y de todo esto volverán a beneficiarse los seguidores del Santos que podrán disfrutar de nuevo viendo en acción a un jugador del que una vez alguien afirmó que sería otro de los mil herederos que le han colgado a Pelé. Qué suertudos, ¿eh?...
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