El penúltimo raulista vivo

O con Mourinho o contra él: meapilismo en punto de ebullición

Es victimista Mourinho cuando jura, sin que haya ninguna necesidad, que fue a celebrar el tercer gol del Real Madrid con su hijo, que tiene justo su asiento detrás del banquillo del equipo visitante, pero no lo es sin embargo Juan Carlos Garrido cuando afirma que los árbitros pitan muy condicionados en el Bernabéu por lo que supone equivocarse con el Madrid. Es agresivo Mourinho cuando corre por la banda o gesticula a la hora de hacer un cambio, pero no lo es sin embargo Cani cuando le arroja una botella (Capdevila: "es que allí no pintaba nada") al entrenador del Real Madrid desde el banquillo del Villarreal. Es descortés Mourinho cuando, hablando de uno de sus propios jugadores, comenta que tampoco es Zidane o Maradona para armar tanto revuelo, pero no lo es Guardiola cuando, en el transcurso de un partido, le birla un balón a Cristiano con un jueguecito malabar.

Mourinho es un provocador y un pendejo que lo único que persigue es caldear el ambiente para desviar la atención no se sabe muy bien de qué, pero no lo es Manuel Preciado cuando dice sin venir a cuento, cuando su combate con el luso acabó hace más de un mes por K.O. técnico en el primer asalto, que si el Madrid le marca al Sporting en el Bernabéu lo mejor para todos será que el hijo del entrenador portugués tenga ese día un cumpleaños. Mourinho está loco, pero no lo está sin embargo Ballesteros cuando, en el túnel de vestuarios de un partido intrascendente de Copa, se lanza a por él y le insulta por provocar al Levante... ¡al haber metido en el campo a Pepe!... Mourinho se mete donde no le llaman, pero no se meten donde no les llaman Emery o Caparrós cuando tercian en una polémica para la que nadie les cursó invitación.

Mourinho da mala imagen porque prefiere no entender la pregunta de una periodista que le inquiere acerca de si Florentino Pérez le ha llamado la atención porque al Real Madrid se le recibe muy mal en todos los campos mientras que al Barcelona le jalean, pero no la dio, por ejemplo, Van Gaal (y ejemplos hay otros mil) con sus continuos desplantes a la prensa que llegaron incluso a provocar que los informadores levantaran en bloque la tienda de campaña; de Clemente, Toshack, Schuster o Luis Aragonés mejor ni hablamos. Seamos serios y llamésmole a las cosas por su verdadero nombre: aquí lo que hay es una campaña hipócrita y farisea de descrédito hacia la persona de Mourinho verdaderamente apabullante, y créanme que al madridismo sólo le quedan dos vías: o con él sin fisuras o contra él con mojigatería, meapilismo y papanatismo. Porque esto no ha hecho más que empezar. Quien dude que se eche a un lado.

Posdata: Me acabo de enterar del fallecimiento del cómico Juanito Navarro, un gran madridista. Descanse en paz.

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